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El espejo de los vivos

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El ser y la conciencia. ¿A quién se le ocurre escribir un libro sobre el ser, la conciencia y el sentido de la vida? Ahí lo tienes: el ser, la conciencia, la realidad, la percepción, la mente y el yo, el cosmos y la entropía, la gravitación, el universo, lo infinito y lo inabarcable. La vida. La muerte.

El sentido de la vida y el sentido de la muerte. El más allá. El Más Allá. La religión y las religiones, la filosofía y la ciencia. Preguntas... Preguntas.

El amor, el destino, la emoción y el sentimiento, la ternura, la compasión y la empatía, el gozo y el sufrimiento. El sentido de la alegría y de la alegría de vivir. El sentido del dolor, y de la herida de la vida. El amor de nuevo. El destino otra vez. ¿Por qué? Seguramente porque somos la generación (los de la década de los 50 del siglo pasado) que más "hemos visto": de la plancha de carbón a la fibra óptica. En la memoria inmediata, activa en el entorno familiar y social, las bombas atómicas que remataron la Segunda Gu…

La noche de autos

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La narrativa policial —llámese “novela negra”, “policíaca”, “detectivesca” … —, está de moda. Muy de moda. Un informe patrocinado por algunas de las más prestigiosas revistas literarias europeas (2017), establece un hecho incontrovertible: de cada diez best-sellers de narrativa en el ámbito de la UE, siete son novelas de este género. Es una buena noticia para los amantes de la especialidad. A quienes no nos entusiasma, nos deja fríos aunque no indiferentes. Nos hace pensar en las causas que han ido definiendo y decantando el fenómeno, probablemente relacionadas con la obsesión del individuo contemporáneo por explicarse el magma caótico de su realidad y, sobre todo, darle un final feliz; en todo caso, obtener un poco de justicia reparadora.

Prefiero la literatura más realista. Por eso mismo no me atrae demasiado el género policial, pero me entusiasman las crónicas criminales, cuanto más depuradas y talladas por el trabajo de profesionales y expertos, mejor. Hace ya muchos años que emp…

Las cicatrices de la tormenta

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Jofre Isern ama su vida y la vida, en correspondencia, parece estar enamorada de él. No me quedo corto: enamorada. Isern es la última y aclamada revelación literaria en el género del terror, sus novelas y psicotrhillers sobre asuntos fantásticos, espeluznantes y macabros se cuentan por éxitos; ha ganado todos los premios habidos y por haber (me refiero a los importantes), la crítica lo adora y el público lo venera. En el ámbito de las letras catalanas, es una absoluta celebridad. Y para colmo, no hay chica guapa que se le resista. Echa el ojo a la despampanante Aina, pintora también de éxito (esta historia empieza como debe ser, como una historia de gente guapa y ganadora), y la atractiva artista cae en sus brazos porque hay una ley natural, o cósmica, o qué sé yo, que anima vigorosamente a unirse los espíritus mimados por los dioses.

No he conocido un autor más envidiable, salvo, quizás, Ray Loriga en sus tiempos de pareja con Cristina Rosenvinge (más por la moza que por los talento…

¿Puedo hacer algo por usted?

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Quienes me conocen y han seguido más o menos mi (atención, lo digo) "trayectoria literaria", saben que me gustan las historias de náufragos y que en más de una novela he argumentado al respecto. O sea, que mi mujer, mi suegra y el cabo saben que los náufragos son mi debilidad. Será por lo cautivadoras que me resultaban, en la infancia y primera juventud, los relatos de Moisés rescatado en su canastilla de las aguas del Nilo, la historia de Jonás, el naufragio de Mordred salvado por un hombre de la costa que lo entibió en una manta y lo llevó a su casa para que la esposa cuidara de él, las aventuras de Robinson Crusoe, de Gulliver, de Pelagio ("El llegado del mar"), dispuesto a convertirse en Pelayo y cierra España, las Soledades de Góngora... Qué sé yo... Me gustan las historias de náufragos y a veces fantaseo con el accidente de la desmemoria. Los versos de Gimferrer me gustan menos que las historias de náufragos, pero aquel de "si pierdo la memoria, qué pur…

La corona de los tres reinos

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Hay una alta edad media no romanizada, no cristiana, que habitualmente no es objeto de atención por parte de obras de narrativa, novela o ensayo, propias de nuestro ámbito mediterráneo latinizado. Las sagas nórdicas, tanto de origen islandés como noruego y danés, forman un corpus literario básico que influiría decisivamente en el desarrollo de la literatura occidental, en el orden de los relatos mítico-legendarios distinguidos por su carácter fundacional. Sin las sagas de los tiempos antiguos escandinavas, no es concebible la aparición de relatos como Beowulf, la saga artúrica o el Cantar de los Nibelungos. Por otra parte, la presencia y contradicción en Europa de los pueblos nórdicos, durante todo este largo período, es tan notoria que se plasma en hechos transcendentales en el devenir continental, como el establecimiento de los normandos en el noroeste de Francia que culminaría en 1066 (ya cristianizados), con la conquista de Inglaterra por el duque Guillermo II, el cual, en adelan…

Diez años, cuatro libros

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La gente hace listas: "Los diez mejores", "Los cinco más vendidos", "Los siete que deberías leer", y et cétera.

Como soy gente, ayer, no sé por qué, me dio por pensar en las novelas de autores españoles que me han emocionado (emocionado) de verdad (de verdad), en estos últimos diez años. Una década. La misma década que se ha cumplido desde que terminó mi primera estancia en Barcelona y me instalé en Sevilla y hasta hoy (La Coruña, Mallorca, Barcelona de nuevo y Tenerife mediantes). Diez completos años, cada uno con sus trescientos sesenta y cinco días, alguno con trescientos sesenta y seis. Y sólo cuatro novelas memorables (memorables).

A lo peor es que ando mal de memoria. O leo poco. O que no me gustan las novelas que gustan a (casi) todo el mundo. Lo juro: memorables, cuatro (4).

Estas:

Inquietud en el paraíso, de Óscar Esquivias. Una prosa elegante como ninguna y una agilidad envidiable.

El año de Malandar, de Juan Villa. Exacta naturaleza transpirando…

Invertido

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Relato de Marta Querol Benèch, finalista (2º premio) en el certamen Historias con Orgullo de la revista literaria digital Zenda.
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Son las tres. Merak ha quedado con Zeta-Chi a las cinco, pero ya le tiembla hasta lo que no tiene. Lleva meses, puede que un año, retrasando el momento. Por miedo.
Ha cumplido los diecisiete años, pero desde niño sabe que le gustan las chicas. No entiende qué ha fallado en su concepción, se supone que eso está controlado y su mal, abolido, pero teme ser el error estadístico de su lote. Nunca se lo ha confesado a sus madres aunque barrunta que lo saben:

―Merak, mi vida ¿no quieres jugar con otra cosa? ―Con siete años se enfrascaba en guerras espaciales interminables―. Esa nave planetaria de Lucita está hecha un asco. Ven, que te peino, te pongo colonia y nos vamos a dar una vuelta, ¿quieres?

Las ha visto intercambiar miradas de inquietud, incluso no hace mucho escuchó a mamá Lina-Rem hablar con gran desasosiego del Centro de Reprogramación Testicular; fue c…

Houellebecq, de maldito a maldecido

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Decía Óscar Wilde que, para un escritor, la manera más segura de fracasar es obsesionarse por gustar a todo el mundo. Justo lo contrario de lo que lleva haciendo durante bastantes décadas el inclasificable Michel Houellebecq, sin duda el novelista contemporáneo más contestado (a menudo odiado), y el autor francés de mayor éxito en la actualidad. Sus libros se venden por centenares de miles, se traducen a decenas de idiomas y reciben distinciones y premios en muchos países. El último de estos sonados laureles le fue otorgado por su novela El mapa y el territorio, premio Goncourt 2010.

No es simpático, no es ingenioso, no es “buena persona”. Se reconoce a sí mismo bastante limitado para expresarse fuera del ámbito puramente novelístico. No es un hombre ameno ni mucho menos “ejemplar”. A menudo sus puntos de vista resultan fastidiosos, irritantes, provocadores aunque nuestro autor huya casi pudorosamente del calificativo de “enfant terrible”. Ha sido tachado de misógino, machista reincid…

Sit tibi terra levis

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«Algo muere en nosotros y renace de otro modo cuando la vida nos golpea con la muerte, algo cambia profundamente en y con nosotros; se transforma. El vacío que produce la inminencia de la pérdida reivindica otra presencia que lo colme. Es tránsito para quien se fue y para quien queda.

Felipe Sérvulo elabora su tránsito con la herramienta más sutil para lo íntimo, la poesía, y emprende de su mano el necesario trayecto que requiere el duelo. Y de este proceso sale trasmutado, renovado. Su relación con quien se ha ido será ya otra, más profunda, más madurada, más definitiva. También su poesía sale renovada; la rotunda experiencia sacude su poesía como agita su alma. Sit tibi terra levis refleja un cambio esencial —en la forma y en el fondo—, un antes y un después en su trayectoria poética.
Leer más en Los libros de la Frontera...






El rostro de San Juan

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Subtitulada Un cuadro perdido de Alonso Cano, aparece en esta novela un mecanismo narrativo que ya explotó en Mundos cruzados y que bebe directamente de una obra anterior (El escarabajo) de su admirado Manuel Mujica Lainez: un objeto sirve de hilo conductor a través de los siglos. Lo que en Mujica era un escarabajo egipcio y en Mundos cruzados un complicado reloj de la época del Emperador Carlos V, en esta novela es la extraña e inquietante fisonomía de un san Juan que forma parte de un retablo, junto a otras tres tablas con los demás evangelistas. El cuadro fascina e inquieta a las generaciones de descendientes de don Francisco de Garcerán desde los tiempos de Alonso Cano hasta la actualidad.

Leer más en el blog de Alberto Granados

Bootrailer



Godos, de Pedro Santamaría

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En el año 376 dC, decenas de miles de godos, huyendo del avance de las hordas de Atila, se congregan en las orillas del Danubio que trazan la frontera natural entre el imperio romano y las tierras de los bárbaros. El emperador de oriente, Flavio Julio Valente, duda entre impedir la entrada de esas masas de fugitivos o franquearles el paso, permitirles asentarse en tierras dacianas y aprovechar esta circunstancia para renovar la vitalidad de la sociedad romano-oriental, ya en decadencia; los godos aportarían población a lugares y cultivos abandonados, sus jóvenes guerreros se integrarían en los ejércitos imperiales, las nuevas granjas, cultivos y provechos aportarían nuevos impuestos... Sólo una objeción entorpece este plan: los godos llegan en estado de precariedad, sin alimentos, sin nada entre las manos; por tanto, acogerles supondría un esfuerzo económico importante, ser sufragado por todos los habitantes de las seguras tierras al oeste del Danubio: los súbditos de Valente; y esta…

De cosecha ajena - Arenga a los últimos hombres libres

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“Cuantas veces reflexiono sobre las causas de esta guerra y sobre cuál será la actitud de los dioses para con nosotros, me siento bien seguro de que vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud; y no os queda ya tierra a vuestra espalda para retroceder y ni siquiera el mar, con el acecho de la flota romana, ofrece seguridad. Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes".
Seguir leyendo en La forja y la espada.

Jünger, tras la guerra y la paz

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En la presentación de esta colección de artículos sobre la obra y, digamos, "cosmovisión" de Jünger, Alexader Duguin propone:
"Ernst Jünger es un destacado escritor alemán, cuyo destino literario y político es un símbolo clásico de lo vanguardista, animado e inconformista en la cultura europea del siglo XX.

Testigo de dos guerras mundiales, uno de los teóricos principales de la Konservative Revolution alemana de la época de entreguerras, inspirador del nacionalsocialismo, que pronto llegaría a convertirse en un “disidente de la derecha” tras la llegada de Hitler al poder, sobreviviente a la desaprobación oficial durante el III Reich y posteriormente condenado al ostracismo por los vencedores durante el proceso de “desnazificación”.

Hoy en día Jünger es considerado por derecho como un emblema del siglo XX, un portavoz no sólo de la “generación perdida” sino del “siglo perdido”, alegoría de la lucha apasionada y dramática de los últimos impulsos sagrados de la vida naciona…

Del azul nacen los caballos

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Lo sencillo tiene la virtud de convertirse en novedad cada vez que se repite, como una especie de revelación intuida desde siempre, expresada en muchas ocasiones, descubierta en cada una de ellas como certeza sin la cual sería imposible vivir; y por eso la sencillez de algunos versos de Pedro López Ávila en Del azul nacen los caballos es abrumadora, precisa e implacable, bella por cierta, verdadera porque la belleza desnuda es siempre una verdad desnuda.

Claramente, propone el poeta: "... ya no soy joven,/ aunque la vida siempre me exija/ que es necesario comenzar de nuevo". No hay compendio más exacto sobre el arte de "Estar en este mundo". Sencillo. Difícil como vivir. Yo creo que Pedro López es uno de los pocos poetas -entre los que conozco, desde luego -, capaz de abordar la escritura de cada una de sus obras como una impugnación a la totalidad, una rebelión contra el conformismo de la poesía entendida como adorno, o como "causa ideológica", o "…

“Los Jardines estatuarios”, “Los Bárbaros” de Jacques Abeille

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Escribir sobre una novela (dos en este caso), siempre impone una cierta obligación hermenéutica. De la simple glosa a la reseña, hasta las palabras mayores de la crítica, la tarea de quien escribe sobre lo escrito requiere entre otros cuidados una interpretación sobre las pretensiones y alcance de la obra y una evaluación de lo conseguido, aquello que definiríamos como “mérito” del autor. En lo que concierne a “Los jardines estatuarios” y su continuación en el “Cycle des contrées”, “Los bárbaros”, parece que una tarea tan obvia se convierte en algo extremadamente difícil. Reconozco que antes de escribir esta noticia he leído unas cuántas reseñas sobre “Los jardines estatuarios”; y de todas (que no son muchas), he sacado la misma conclusión: nadie tiene ni idea de qué demonios ha querido contar Jacques Abeille con estas dos entregas novelísticas que se están convirtiendo en obras de culto, por lógica y justicia; de culto porque, precisamente, los lectores reciben la soberana impresión…

El príncipe del día y de la noche

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“Sólo tú has sabido verme”, dice Vera, protagonista del film La puta y la ballena (Luis Puenzo, 2004), al ciego Solá. A Boabdil le pasa algo parecido: muchos novelistas han recorrido la figura histórica —mitificada hasta el exceso, con frecuencia—, del último sultán de Granada, pero muy pocos han sabido encontrarlo en esa maraña de estereotipos que convirtieron al Zogoibi (El Desventurado) en un personaje mestizo entre historia y leyenda. No diré que Antonio Enrique (Granada, 1953) sea el único, pero sí uno de los pocos autores de los que cabía esperar una visión inexorable en lo que concierne a la recreación histórica y una poderosa voz literaria, conductora de esta narración sobre los últimos tiempos y aflicciones del rey nazarí.

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Élites y minorías

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Las élites viven encantadas en su puridad, acorazan núcleos excluyentes y se comportan con ágil instinto gremial en lo que concierne a defender su enorme privilegio de ser pocos y bien apalancados. Las minorías, por el contrario, no están nada satisfechas de su condición, tienen vocación de alcanzar mayores audiencias y trabajan constantemente en favor de este propósito. Por lo general —inexorablemente, si hablamos de la cultura y sus entornos —, las élites aborrecen a las minorías, procuran cercenar sus pretensiones de influir en el ideario común y, si pueden, “cortan las alas” a todo el que presientan como amenaza a su posición en la torre vigía.

Boabdil, el príncipe del día y de la noche

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Acabada la lectura del año (2016), que se ha hecho esperar casi tanto como las campanadas en la basílica de Candelaria. Última novela publicada (seguro que hay otra en marcha, y otras en proyecto), de Antonio Enrique. De momento, dejo constancia de mi renovado estupor por la capacidad creadora de Antonio. Digo estupor y creo decir bien: me asombra de nuevo, es capaz de sorprenderme otra vez con una novela que asciende hasta más allá de lo que consideraba su pináculo de excelencia. Hacerse más pulcro y preciso, ameno y caudaloso, poderoso en una narrativa como lluvia que no cesa y empapa el alma del lector, después deLa espada de Miramamolín, parecía en verdad imposible. Lo parecía, solamente...

Bobadil, el príncipe del día y de la noche no es otro nivel en la producción de Antonio Enrique, pero sí representa un peldaño más. Insisto: de momento, señalar el hallazgo de un personaje espectacular como discreto, ambiguo como certero, amable como implacable en su voz perfecta de narrador: e…

La hora de Bizancio

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Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

En el mundo globaliza…

Antonio Enrique sobre Isla de Lobos

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Isla de Lobos, ¿patraña genial?

En la Isla de Lobos no nacen niños, tampoco muere o se ve morir a nadie. Es un espacio imposible, un territorio en apariencia perverso, una zona mágica y, por lo mismo, secreta. En Isla de Lobos las gentes semejan sonámbulos de una realidad que está fuera del tiempo y del espacio, esto es, un tiempo alojado en algún repliegue insondable, y de un espacio fuera de referente concreto. Pareciera, ahí, que la energía ha cristalizado en un simulacro de lo humano anterior o posterior a la propia humanidad. Pareciera, sí, una región inhóspita del Astral. Un imposible del Espacio, una equivocación del tiempo. Pero es, Isla de Lobos (Ediciones Versátil, Barcelona, 2016; premio Valencia, concedido por la Fundación Alfons el Magnànim), una novela enormemente humana, cálida, yo diría que cordial. Y ahí está la paradoja, que una novela tan conceptual sea tan concreta, y que tan irreal, sea tan próxima, tan persuasiva y convincente. En principio, se trata de una fábul…