Jornada Histórica



Histórica fecha la de este jueves 20 de octubre de 2011. Debería serlo, o parecerlo. Llevo toda la vida recibiendo noticias sobre un dictador brutal, sanguinario y estrafalario, que ha oprimido a los libios e intervenido con métodos terroristas en política internacional durante... ni se sabe la de tiempo. Ayer se lo llevaron por delante. Ahá: quien a hierro mata, a plomo muere. Casi toda la vida llevo atribulado, como cualquier español, por la saña criminal de ETA. Pues mira tú las casualidades: ayer mismo comunicó la banda de asesinos su decisión de no volver a las armas.
Todo muy histórico. Permítanme los signos de admiración: ¡Histórico!
Sin embargo, qué poco histórico parece todo esto. Qué previsible, qué aburrido y, en el fondo, qué desalentador.
Los mendas que se cargaron a tiros a Gadafi, por sus trazas y modos, no parecen los más indicados para refundar una sociedad democrática donde imperen la ley y los derechos de las personas. Por más que la prensa insista en pintarlos como partidarios y luchadores por la democracia, salta a la vista que, en unos meses, Libia será lo que nunca ha dejado de ser, un país fanáticamente islámico donde los héroes de Al-Qaeda y demás gallofa integrista (y terrorista), van a tener otra Somalia. Su paraíso.
El asunto de ETA y la extraña paz, bueno... Mejor ponemos aparte la palabra paz, por decencia; y las siglas ETA, por higiene.
Algunos iluminados, como el iracundo Eguiguren (es un ejemplo, hay muchos más), están convencidos e intentarán convencer a la gente de que la paz significa que no te maten cuando vas por la calle. Por lo demás, paz... ¿de qué? Dejar de asesinar para continuar ejerciendo la tiranía abertzale, en una sociedad tutelada por una banda terrorista armada e impune, se parece a la paz lo mismo que el as de oros a un huevo frito. La izquierda, en su tiempo, acuñó una ingeniosa expresión: la paz de los cementerios.
También hay quien opina que esa paz se la pueden meter por donde menos les quepa, sea huevo o naipe. Por el mismito lugar donde la izquierda y la derechona nacionalista se han metido la dignidad y la decencia; el mismo sitio por donde se han pasado a las víctimas del terrorismo.
Qué histórica fue la jornada de ese 20 de octubre. Qué verosímil todo. Qué triste.

Entradas populares de este blog

Godos, de Pedro Santamaría

La hora de Bizancio

Del azul nacen los caballos