La resignación



Qué mal momento para unas elecciones generales. Qué buen momento para ellos. Pelmazos.

Han exprimido la última gota de su brebaje, el elexir del poder; y sólo cuando el pulso de la ciudadanía ha pasado de la ansiedad a la indiferencia, la resignación de siempre, comienzan su desfile triunfante de históricas, vetustas y más que vetustas: aburridas cabalgatas navideñas en el mes de agosto.

Ya se han insultado todo lo que debían, se han acusado unos a otros de corrupción, incompetencia culpable, desinterés... ya están la cesta podrida y los ánimos hastiados. Ya estamos hasta la coronilla de ellos.

Y es ahora cuando ponen el volumen a tope e inauguran su insufrible verbena.

Como el pesado, en plena crisis dipsómana, que a las seis de la mañana asegura que "esto no ha hecho más que empezar", y se empeña en ir a tomar "la penúltima" cuando el resto de la cofradía se cae de sueño.

Noé, de resaca en el monte Sinaí, va a impartir una conferencia sobre prevención de inundaciones.

Qué inoportunos son. Qué cargantes. Qué repetidos.

Como si hubiésemos nacido ayer. Qué listos.