Se acerca el invierno



Verano finiquitado. Hasta en Sevilla, una ciudad que vive siempre al borde del “cuarentón”, se nota la bajada de temperaturas. Dentro de poco cambiaremos de horario y los días se harán cortos y las noches extensas, con esa humildad acogedora y un poco temible del invierno sin excusas.
 Otro verano (¿de menos?). Enseguida la navidad, después la semana santa y, en menos de lo que se imagina, de nuevo el verano. Ahá, pensó el que piensa: lo único que sabemos del tiempo es que se hace más corto conforme cumplimos años.
Canarias, León, Asturias, Galicia y la campiña inglesa han sido mis escenarios de este verano. Y el calorón macho de Sevilla, claro está. La fugitiva de Proust (una deuda conmigo mismo), Las lanzas coloradas de Uslar Pietri (revisitada, al cabo de 35 años), y las memorias de José Antonio Moreno Jurado, han sido mis lecturas centrales de estos dos últimos meses. La última, Aracné, reflexiones biográficas del poeta sevillano, me ocupó los vuelos de ida y vuelta a Londres. No me dejó impresiones muy estimulantes, ni optimistas. Moreno Jurado es un poeta exquisito y una persona con sentido muy pero que muy realista de la vida; y se nota. Su libro, para conocer y saber, resulta espléndido. Para alegrarse la existencia, más bien no. Pero claro, ¿quién puede ser tan simple como para alegrarse de la soberana certeza? Estamos vivos, de acuerdo. ¿Y?
 
Otro verano, seguro, de más. Porque se me olvidaba añadir este detalle: entre Canarias y el noroeste mágico, entre el bullicio globalizado de Londres y la apacibilidad de High Wycombe, he estado muy bien acompañado. Incluso, razonablemente y en la justa medida de las cosas, he sido feliz.
 
Buen verano, ciao.
 
Se acerca el invierno.

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