Espantosa Buenos Aires

Desde hace tres días, Sonia y yo no hablamos por skype de otra cosa: los niños abandonados, sin techo, sin sustento, que recorren las zonas turísticas de Buenos Aires (Corrientes, 9 de Julio, plaza de la República...). Entran en los supermercados y preguntan, con mucha educación, si les pueden comprar “un chocolate”; eufemismo infantil que significa: algo para comer. Tanto los niños como las niñas suelen pedir a las mujeres. Además de educados, son cautos y se protegen lo mejor que pueden del precio que algún turista puede cobrarles por el chocolate.

Los empleados de las tiendas relatan que esto ocurre desde que, durante la crisis de 2002, miles de niños fueron abandonados, puestos en la calle y ahí te pudras. La policía explica que esa es la situación, que no hay un organismo estatal o municipal que se encargue de esos niños. Sólo algunas entidades privadas, con escasísimos medios, intentan ayudarles. También cuentan los policías que las personas mayores sin hogar (también a miles), se desenvuelven mejor: revuelven en las basuras y lo aprovechan todo. Debe de ser por eso que las aceras de Buenos Aires están llenas de bolsas de basura despanzurradas.

Se acabó para siempre el atractivo de la ciudad más europea y cosmopolita de América (eso decían), la magia del tango, el encanto de las viejas librerías, los cafés, los teatros, Piazzola y la Bombonera. Buenos Aires es un inmenso misery town donde, lo urgente, es dar de comer a ancianos desvalidos y niños sin padres ni autoridades que se preocupen de ellos. Es el Buenos Aires real que no han visto (¿no lo han querido ver?), los alegres viajeros al Buenos Aires del glamour cultural; una ciudad que no existe desde hace mucho tiempo. Los peronistas, los borgianos, los cortazarianos, los futboleros, los descamisados, los potreros, los tanguistas, las minas, los grasitas, las mamás de mayo, los bacanes, los jueces, los pizzeros, los gordos, los radicales, los flacos, los negros, los cholos, los maradonas, los publicistas, los menotistas, los otarios, los alterios y darines, qué carajo... ¿van a hacer algo, alguna vez, para remediar esta ignominia?

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