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Roma




Hay ciudades muy vivas que imponen al viajero la potestad soberana de su latir cotidiano, y hay ciudades que son como inmensos panteones, donde la piedra y la historia pesan más que el fulgor de los escaparates, el ruido del tráfico o la algazara infantil a la salida de los colegios. Son ciudades mausoleo, testigos sobrecogedores de épocas remotas y perdidas para siempre, un tiempo y un mundo que ya nunca volverán. Ese es su poderoso atractivo, una seducción algo nocturna que poco a poco va erigiéndose en el ánimo del visitante como un lamento antiguo, la canción bella y muy triste que permanece indeleble en el espíritu del lugar aunque la voz que llega a nuestro oído se haya disipado hace muchos siglos.

Hay ciudades para vivirlas con la vista en el reloj y el calendario, colmadas de emoción por el presente, y hay ciudades como sepulcros: las más bellas y colosales sepulturas del planeta.

Si, además, ha pasado por aquellos reinos el flautista de la leyenda, la evidencia arrasa al aturdido viajero: hay ciudades para vivirlas y otras que están sobre la tierra para celebración (sin misericordia) del triunfo de la muerte. Algo tan humano...


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La hora de Bizancio

Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

En el mundo globaliza…

Una hamburguesa en un McDonald's

A las pocas semanas de conocerla, paseábamos por no recuerdo que ciudad. Se fijó en un McDonald's que brillaba nocturno y pomposo, con sus luces redichas de cafetería americana para niños felices; y como una niña feliz, y hambrienta, me dijo: "¡Qué suerte... Vamos a comer una hamburguesa!"

Diez personalidades tóxicas en Facebook (y cómo librarse de ellas)

Facebook no es un manicomio autogestionado como twitter, pero en materia de gente perturbada, asfixiante, obsesiva y dañina presenta una variedad más que notable. Y una abundancia preocupante. Los usuarios de esa red social tenemos la ventaja de compartir nuestros contenidos con gente que, más o menos, es amiga; es decir: podemos controlar quién ve nuestras publicaciones y a quiénes vemos. Sin embargo, ¿quién no se ha topado, con demasiada frecuencia, con "muros" y biografías atiborradas de sandeces, impertinencias, majaderías, insultos y toda la basura que una mente desocupada y confusa puede generar en una mañana o una tarde de posteos?