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Con uñas y bragas

Hace unos días lo vi por Internet y lo tomé como una de esas chorradas que de vez en cuando aparecen en la red: "Combate la crisis vendiendo tus bragas". Pero no es una broma sino verdad verdadera. No crean que el enlace llegó tras arduo periplo internáutico en busca de rarezas y cochinadas. Nada de eso, ladies and gentlemen: aparecía en la publicidad de mi muro en facebook, ligeramente camuflado tras un anuncio de lencería fina. Cómo está el personal... ¿no?

Ya repuesto de la turbación, y comprobado que algunos congéneres son aficionados a esnifar prendas interiores (creí que eso sólo lo hacía Santiago Segura), uno no tiene más remedio que lanzar al ciberespacio la acuciante duda: Oigan, si cualquier petarda puede poner sus bragas sucias a la venta, ¿les vendrían bien los gayumbos de un cincuentero en paro? A ver, que como no estoy metido en ese mundo, no sé exactamente qué se considera "usado". ¿Quitar y poner? ¿Un par de días? ¿Una semana? Estaría a lo que me indicasen, desde luego, con la única excepción de que me obligaran a llevar puestos los mismos calzoncillos más de un mes. El material pasaría de considerarse usado a tóxico, y tampoco estoy para que me metan un delito (encima telemático) contra la salud pública.

Otrosi manifiesto más curiosidades personales, tras estos dos puntos que siguen: ¿Hay fetichismo de recortes de las uñas de los pies? Porque verán, yo les explico... Mis manos son pequeñas en relación con las demás dimensiones de mi corporeidad; nací para pianista y me quedé en el teclado del ordenador. Pero la naturaleza, tan sabia, compensó este desequilibrio regalándome unos pies de la talla 47 al día de hoy. (Digo "al día de hoy" porque continúan creciendo con la edad, malditos; de tobillos para abajo, ya me voy pareciendo a Bilbo Bolsón). Bueno, el caso es que cada vez que me corto las uñas de los pies, cosecho casi una docena de costras de mejillones, las cuales, francamente, podrían tener su buen precio en el mercado de los freakes y sacarme de apurillos un mes por otro. Entre eso, la reforma laboral, lo que me toque del reparto de CEDRO y lo que me debe la SGAE, yo creo que arreglaría mi presupuesto para 2012, sin contar los gastos en tabaco.

¡Y no miren con la ceja levantada ni se den golpes de pecho, sepulcros blanqueados! Si los ayuntamientos están pensando en cultivar marihuana, convertir sus terrenos en vertederos nucleares o poner a trabajar a los parados en régimen de esclavitud, uno, en su modestia, tendrá derecho a hacer lo que le parezca con sus uñas y sus Calvin Kline (calidad obliga, desde luego). Y esto de la crisis es como Dios: está en todas partes y ahoga aunque no aprieta.

Lo dicho entonces. Se garantiza absoluta confidencialidad.

Saludos.

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