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Málaga con sin amigos

Ayer, en el aeropuerto de Barcelona, vi la aparatosa publicidad de una compañía de móviles: “Prefiero Málaga con amigos a Nueva York solo”.

Sobran los complementos circunstanciales. Prefiero Málaga a Nueva York, con amigos o en solitario, y el asunto se arregla por sí mismo.

¿Qué pasa con Nueva York? Hay mucha gente y todo está muy caro, como en cualquier gran ciudad. Los mitos globalizados de nuestro tiempo son bastante absurdos además de pueriles. ¿Cuántos malagueños van a Nueva York de turismo? Y a la viceversa, ¿cuántos neoyorquinos se dejan caer cada año por Málaga y la Costa del Sol? Pues ahí lo tienes, Orteguita.

Sin insistir en que el estado natural del ser humano, desde el mismo alumbramiento al perecimiento, es la soledad. “Nacemos como morimos: solos”, decía el que lo decía. Mejor en Málaga, desde luego: el clima acompaña y la gente tiene otro empaque. Y queda más cerca.

De Nueva York, ni te cuento. Habré estado en Nueva York por lo menos una o ninguna veces, y nunca me ha convencido. Málaga es otra cosa, Orteguita. No jodas.

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