Marzo marcea

Ayer fue un día... Mira tú, iba a escribir "Ayer fue un día de locos", o "muy movido", o "vertiginoso"... pero queda mejor así. Ayer fue un día. Siempre fue ayer y el tiempo siempre ha pasado.
De madrugón, a Granada, para verme con una productora que está filmado un reportaje sobre Juan Latino para Canal Sur (La Nuestra, dicen).

A las once de la mañana estábamos en Plaza Nueva. Grabamos en el palacio de los Córdoba, en Santa Ana, en la Chancillería y en la Curia arzobispal. Me tocó hacer de actor más que de otra cosa. Recordé a Tito Junco, una vez más; el verdadero actor de Juan Latino. Mi amigo de La Habana. Hace ya ocho años que falleció. O nueve. No sé. El tiempo siempre ha pasado.
Comimos con Julio, mi pequeño. En un par de meses mi pequeño cumple 23 años. Ha crecido, sí. Es un hombre y ahora tengo que acostumbrarme a amar a un hombre, no a un niño; y estar deseando besar a un hombre, tenerlo entre mis brazos como cuando era pequeño aunque ya no es pequeño, es tan grande como yo y mucho más fuerte que yo. Debe de ser el tiempo, que pasa.
De regreso nada más acabar la comida. A las siete nos esperaban en Carmona, para una lectura "encuentro con autor" en la biblioteca pública. Me explayé lo que pude hablando de Los fantasmas del Retiro y al final, como casi siempre, acabé contando chascarrillos y andanzas de mi abuelo Paco. No estuvo mal. Vinieron nuestros amigos y acabamos a las once comiendo pasteles, deshechos de cansancio y un poco felices. Conversé largo y tendido con Félix sobre el sinsalida de los movimientos antisistema: no aceptan el que hay, pero no tiene modelo alternativo verosímil, ni realista. Toca fastidiarse, a todos.
Eso fue ayer. Hoy ya ha pasado (también, como ayer), pero hoy no fue ayer, y de hoy, como no fue ayer, no hay nada que contar. Nada que merezca la pena.

(¡Maldición! Se me ha vuelto a olvidar adherirme al Manifiesto de Antequera. Hoy ya no va a poder ser. Quizás mañana. O no. Total...).

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