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Emigrar o emigrar

Mi amigo Diego está con el papeleo para conseguir un trabajo en Noruega, instalando fibra óptica. Me dice que está cansado de pasar estrecheces, de que cualquier empleo que le surge en Sevilla sea temporal, más bien efímero, y pagado como se pagaba hace treinta y cinco años la recogida de la uva en Almería. Él y su mujer (como tantos otros jóvenes matrimonios) están sacando la familia adelante  a base de entusiasmo y mucha fortaleza ante la adversidad. Hace años vivían y trabajaban en Barcelona. Los "pilló" el ERE de AENA y, desde entonces, el desempleo determina su vida cotidiana. Tienen dos niños pequeños a los que Diego dice que va a extrañar muchísimo en el caso de que haya suerte y consiga ese trabajo en Noruega.


Ya no hay emigrantes como los de antes, claro. Nadie se marcha de España hacia otro país, en busca de oportunidades laborales, con la garrafa de aceite y la talega repleta de embutidos. Nadie sube a un tren antediluviano, dispuesto a dormitar arropado por su tristeza durante los cuatro o cinco días que tardará en llegar a destino la chirriante maquinaria. Ahora la emigración es movilidad laboral en un mercado globalizado, y no hay alternativa. Los buenos empleos se encuentran donde uno esté dispuesto a aceptarlos. El mundo ha dejado de ser pequeño y propio. Es grande y muy ajeno, pero siempre hay una compañía aérea que te lleva a las puertas de la fábrica en un par de horas. Emigrar ya no es una tragedia, es simplemente un engorro más de esta época: el puesto de trabajo queda lejos.

Por cierto, hablando de EREs (EREs como aquel que llevó a Diego y su esposa al desempleo). En los últimos días he visto en facebook muchas actualizaciones, muy celebradas con exquisita jocosidad, de una página que se llama "No hay nada más tonto que un obrero de derechas". Yo no sé si Diego es de derechas, de izquierdas o medio volante. Lo que sí tiene muy claro es que si hubiera pertenecido con entusiasmo a esa izquierda que se descojona de la risa, en Sevilla a más abundar, podía haber salido muy beneficiado en vez de muy perjudicado por un ERE. Tampoco sé si los trabajadores de derechas son tontos, tal como proclama la famosa página. Sí sé, no obstante, que los obreros listos, muy listos, son de izquierdas. Concretamente, de esa izquierda de los EREs "en positivo".

Ya habrá algún juez o alguna juez, se llame Alaya o García, que separe a los listos de los tontos y ponga a cada uno en su sitio.

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