Llueve

Desoladoras portadas de prensa. Los vetustos fantasmas de la Gran Depresión se han removido desde la tiniebla, arrecian y aúllan contra España. Se han colado en los despachos de nuestro gobierno. El presidente, un poco pasmado, un poco amedrentado, hizo mutis y escapó por la puerta de atrás. Eso cuentan algunos medios.

Sube el transporte público un 11% en Madrid. El gobierno catalán piensa aprobar una tasa de diez euros por día de hospitalización a los usuarios de la Seguridad Social. Los ancianos de una residencia malagueña se quedan sin agua porque la Junta de Andalucía no paga los recibos. El nieto del rey (de España), ha recibido un disparo en el pie, afortunadamente para el resto de su cuerpo (las carga el diablo, y si son borbones, las carga dos veces). Mario Vargas Llosa, en su último ensayo (Alfaguara), mantiene que la cultura de masas favorece el espejismo de que sus consumidores se crean cultos y a la vanguardia con el mínimo esfuerzo intelectual. Al novio de Alaska le molesta que le llamen maricón. Para colmo de males, el Barça está sólo a un punto del Madrid.

Esto tiene mal arreglo. Muy malo.

De momento, y como medida provisionalísima, me largo a pasear al perro. Con paraguas, claro. Hoy llueve en el noroeste.

Y lo que lloverá, aquí y en Lisboa. En casi todas partes menos en Pekín.

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