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Vértigo

Ayer comí en La Coruña, cené en Valencia y dormí en un hotel muy céntrico, muy moderno y muy caluroso. Hoy he desayunado en Santiago, he estado de mudanza en Arteixo y esta noche dormimos en una casa que no es la casa donde vivíamos ayer. El viaje relámpago a Valencia para mantener un encuentro con el club de lectores del Colegio de Abogados (Los fantasmas del Retiro siguen dando guerra), ha ido a entrometerse en estos afanes más bien estresantes del cambio de domicilio.


La buena noticia es que ya podemos disfrutar de servicios tan básicos como Internet y telefonía fija (mis abuelos la tenían en los años 50 del siglo pasado; nosotros, hoy, en según qué lugares de Galicia, no podíamos). Lo malo de todo el trajín es que me encuentro agotado y un poco desorientado. La vida, a veces, da unos acelerones tremendos. Y uno, la verdad, a estas alturas disfruta más de la bicicleta que del turbodiésel.

Por lo demás, todo en orden. "Lo demás" es el perro, maldito bicho: se ha acostumbrado a nuestro nuevo apartamento antes que yo. Ahí lo tenemos, ronca que ronca, como un sultán en su harén de almohadas y bolitas de pienso. Como un perro-tortuga que llevase el caparazón por dentro. A veces me da envidia de él. Otras veces, también.

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La hora de Bizancio

Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

En el mundo globaliza…

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A las pocas semanas de conocerla, paseábamos por no recuerdo que ciudad. Se fijó en un McDonald's que brillaba nocturno y pomposo, con sus luces redichas de cafetería americana para niños felices; y como una niña feliz, y hambrienta, me dijo: "¡Qué suerte... Vamos a comer una hamburguesa!"

Diez personalidades tóxicas en Facebook (y cómo librarse de ellas)

Facebook no es un manicomio autogestionado como twitter, pero en materia de gente perturbada, asfixiante, obsesiva y dañina presenta una variedad más que notable. Y una abundancia preocupante. Los usuarios de esa red social tenemos la ventaja de compartir nuestros contenidos con gente que, más o menos, es amiga; es decir: podemos controlar quién ve nuestras publicaciones y a quiénes vemos. Sin embargo, ¿quién no se ha topado, con demasiada frecuencia, con "muros" y biografías atiborradas de sandeces, impertinencias, majaderías, insultos y toda la basura que una mente desocupada y confusa puede generar en una mañana o una tarde de posteos?