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Dolce fare niente

Tenía que haber hecho un montón de cosas esta mañana de sábado, pero la he dedicado a nada. Toda la pereza del verano se me ha acumulado de pronto: las horas de avión sin pegar ojo, las noches de escribir hasta las tantas y luego madrugar para que el perro no eche de menos su paseo matutino; las siestas perdidas (es un decir), de excursión por los alrededores en compañía de Sonia y de mis hijos, tan dispuestos siempre a caminatas (ellos) y a no cabecear a la hora de la digestión (Sonia).
Las tumbadas al sol que no he podido dedicarme a pesar de que la playa está a cinco minutos de casa, porque en este reino de los suevos si no llueve es porque va a llover; los libros que no he podido leer echado en el sofá, como si durmiera en la imaginación de otros y sus gozos y pesadillas fuesen mis sueños; los miles de kilómetros en coche (tal cual), entre La Coruña, León y Asturias que hemos recorrido en los vaivenes de la preboda, boda y postboda. Los anocheceres tardíos y los amaneceres en el aeropuerto, los bostezos de mañana y despejarme las neuronas a base de Cocacola sin azúcar, té rojo y chocolate negro... Todo ese cansancio acumulado ha llegado hoy, ataviado de nostalgia. La virtud de no hacer nada ha despertado... Y con qué benevolencia la he dejado entrar en mi habitación.

Mañana será domingo, y el lunes, seguro, otro día y otra semana. Hoy, lo dicho: nada. Lo dijo el sabio: a quien no hace nada no se le puede pedir más.

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La hora de Bizancio

Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

En el mundo globaliza…

Una hamburguesa en un McDonald's

A las pocas semanas de conocerla, paseábamos por no recuerdo que ciudad. Se fijó en un McDonald's que brillaba nocturno y pomposo, con sus luces redichas de cafetería americana para niños felices; y como una niña feliz, y hambrienta, me dijo: "¡Qué suerte... Vamos a comer una hamburguesa!"

Diez personalidades tóxicas en Facebook (y cómo librarse de ellas)

Facebook no es un manicomio autogestionado como twitter, pero en materia de gente perturbada, asfixiante, obsesiva y dañina presenta una variedad más que notable. Y una abundancia preocupante. Los usuarios de esa red social tenemos la ventaja de compartir nuestros contenidos con gente que, más o menos, es amiga; es decir: podemos controlar quién ve nuestras publicaciones y a quiénes vemos. Sin embargo, ¿quién no se ha topado, con demasiada frecuencia, con "muros" y biografías atiborradas de sandeces, impertinencias, majaderías, insultos y toda la basura que una mente desocupada y confusa puede generar en una mañana o una tarde de posteos?