Se aburre el que puede

Aunque parezca extraño es cierto que mucha gente se aburre. No hay más que encender la televisión o conectarse a internet, o abrir un periódico, para constatar la cantidad de ciudadanos (y ciudadanas) que están aburridos con sus vidas y buscan continuo entretenimiento con urgencia un poco ludopática.  Aunque de inmediato surge la paradoja: los medios de evasión son todavía más aburridos que la realidad.

Y la perversidad de la paradoja retorcida: el método de diversión es casi siempre, ni más ni menos, la pura realidad, mucho más tediosa que cualquier representación o interpretación que de la misma pueda conjeturarse desde una opción digamos contemplativa. Hay casos pintorescos, agarraderas fugaces aunque bastante llamativas, no lo niego, como el asunto de la concejal erótica esa, o la restauración del Cristo borgiano, o la tristeza del futbolista y fenómenos similares. Pero lo real evidenciado, en carne cruda manifestado, resulta tedioso hasta el sopor. Antes dormía uno la siesta con los culebrones de TVE o las películas vespertinas de Antena3, que a los efectos eran inmejorables. Ahora el run-run de la somnolencia y obligatoria guitarrada, mientras se va haciendo la digestión, son los escándalos diarios de una sociedad que, de puro parecerse a sí misma, se ha vuelto más plasta que el código civil de Surinam. Y lo malo no es eso, sino que la gente, por no molestarse en buscar otros estímulos, se abona a la repetición cotidiana de la misma tabarra. Casi se agradecen efemérides como la de hoy, con la larga sombra del 11-S neoyorkino generando la posibilidad de alguna retórica novedosa (improbable pero imaginable), o los nacionalistas catalanes en la calle, que es su natural, haciendo lo de siempre: entretenerse con "lo suyo" y por pedir que no quede. Eso siempre da que hablar, algunos incluso se cabrean y, gracias, gracias... algo se entretienen. Oye, que todo el mundo tiene derecho...

Y que sí, que ya me he enterado de que Dueñas ha sacado nueva novela. Y que Bolinaga tiene cáncer . Y que Rajoy dijo ayer. Y de todo lo demás... Qué suplicio y qué aburrición de país.

En fin, siempre nos quedará como remedio extremo la siesta a palo seco, sin música de fondo.

Allá que vamos.

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