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Caída libre

Sube a la estratosfera en un avión superferónico de esos, se lanza en caída libre protegido con un equipamiento espectacular, recorre 39.068 metros en un vertiginoso descenso durante el cual ha roto la barrera del sonido, cayendo a velocidades que superaban los 1.130 Km./h. Tras diez minutos de vuelo, abre el paracaídas y se posa tranquilamente sobre el mismo planeta del que había salido, el que comúnmente llamamos Tierra. Y hala, en casita de nuevo.

Me sucedió algo parecido, en 1976. Con motivo del bicentenario de la Constitución de los Estados Unidos de América tomé un tren en Granada con destino a Barcelona. Tras dieciséis horas de viaje, ya en la ciudad antes llamada Condal, subí a un autobús que me trasladó a París, y de allí, al día siguiente, a Luxemburgo (de excursión, no creas).

Después de un viaje tan largo y cansado, somnoliento y con pelín de resaca asfáltica, puse las plantas de los pies en el Gran Ducado y... ¿qué dirás que fue lo primero que me encontré? Pues a mí mismo en Luxemburgo.

Tanto esfuerzo para volver a casa...

Como dice Faramio cada vez que termina de leer la Odisea: "¿Y a éste zascandil, quién le mandó ir a Troya?".

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La hora de Bizancio

Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

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