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¿A quién...?

Amy Martin, la chica lista
Bueno, bueno... Más que cansado de ser pobre, de trabajar años en una novela para conseguir publicarla en una editorial modesta y tener por compensación (agradecida, desde luego) que te digan que "escribes muy bien" (¡Faltaría más, si escribiese mal no osaría a meterme en esos fregados!); harto y más que harto de publicar artículos en prensa y medios digitales por cuatro euros o directamente por nada, por el desahogo en ocasiones, por hablar con gratitud de la obra y méritos de algún amigo; escaldado tras haber sido colaborador de dos periódicos (grupos VOCENTO y EPI) durante trece años, que se dice pronto, con dos artículos semanales en cada uno, sin faltar un día a la cita, cobrando una media de 400 euros al mes; cabreado (no "indignado" ni mariconadas de esas, muy cabreado), por el choricerío literario y el mamoneo mediático; arrepentido, dolido, frustrado y desesperado por haber nacido en este país de rufianes, meretrices, golfos y besaculos; en la cola del INEM desde 2009 sin que el INEM, desde 2009, me haya escrito una miserable carta preguntándome cómo estoy de salud; rendido del todo, derrotado, hastiado, hasta los mismísimos... Aunque eso sí, optimista por naturaleza, pregunto con absoluta determinación y dispuesto a ser consecuente hasta el final: ¿En este país de rufianes, meretrices, golfos y besaculos, a quién hay que comerla la polla para que alguien me consiga una prebenda parecida a la de Amy Martin? Por 60.000 euros en dos años, por 14 artículos en esos dos años, estoy dispuesto a hacer todas las diligencias posibles para quedar bien, como siempre... Y si en vez de "Qué bien escribes" me gano un "No pares y que Dios te lo pague", pues qué le vamos a hacer. Dios me lo pagará en purgatorio, un lugar que comparado con este país de rufianes, meretrices, golfos y besaculos debe de ser paradero muy grato.

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La hora de Bizancio

Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

En el mundo globaliza…

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A las pocas semanas de conocerla, paseábamos por no recuerdo que ciudad. Se fijó en un McDonald's que brillaba nocturno y pomposo, con sus luces redichas de cafetería americana para niños felices; y como una niña feliz, y hambrienta, me dijo: "¡Qué suerte... Vamos a comer una hamburguesa!"

Diez personalidades tóxicas en Facebook (y cómo librarse de ellas)

Facebook no es un manicomio autogestionado como twitter, pero en materia de gente perturbada, asfixiante, obsesiva y dañina presenta una variedad más que notable. Y una abundancia preocupante. Los usuarios de esa red social tenemos la ventaja de compartir nuestros contenidos con gente que, más o menos, es amiga; es decir: podemos controlar quién ve nuestras publicaciones y a quiénes vemos. Sin embargo, ¿quién no se ha topado, con demasiada frecuencia, con "muros" y biografías atiborradas de sandeces, impertinencias, majaderías, insultos y toda la basura que una mente desocupada y confusa puede generar en una mañana o una tarde de posteos?