¿A quién...?

Amy Martin, la chica lista
Bueno, bueno... Más que cansado de ser pobre, de trabajar años en una novela para conseguir publicarla en una editorial modesta y tener por compensación (agradecida, desde luego) que te digan que "escribes muy bien" (¡Faltaría más, si escribiese mal no osaría a meterme en esos fregados!); harto y más que harto de publicar artículos en prensa y medios digitales por cuatro euros o directamente por nada, por el desahogo en ocasiones, por hablar con gratitud de la obra y méritos de algún amigo; escaldado tras haber sido colaborador de dos periódicos (grupos VOCENTO y EPI) durante trece años, que se dice pronto, con dos artículos semanales en cada uno, sin faltar un día a la cita, cobrando una media de 400 euros al mes; cabreado (no "indignado" ni mariconadas de esas, muy cabreado), por el choricerío literario y el mamoneo mediático; arrepentido, dolido, frustrado y desesperado por haber nacido en este país de rufianes, meretrices, golfos y besaculos; en la cola del INEM desde 2009 sin que el INEM, desde 2009, me haya escrito una miserable carta preguntándome cómo estoy de salud; rendido del todo, derrotado, hastiado, hasta los mismísimos... Aunque eso sí, optimista por naturaleza, pregunto con absoluta determinación y dispuesto a ser consecuente hasta el final: ¿En este país de rufianes, meretrices, golfos y besaculos, a quién hay que comerla la polla para que alguien me consiga una prebenda parecida a la de Amy Martin? Por 60.000 euros en dos años, por 14 artículos en esos dos años, estoy dispuesto a hacer todas las diligencias posibles para quedar bien, como siempre... Y si en vez de "Qué bien escribes" me gano un "No pares y que Dios te lo pague", pues qué le vamos a hacer. Dios me lo pagará en purgatorio, un lugar que comparado con este país de rufianes, meretrices, golfos y besaculos debe de ser paradero muy grato.

Entradas populares de este blog

Godos, de Pedro Santamaría

La hora de Bizancio

Del azul nacen los caballos