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Bondades y mentiras

No hay nada tan absurdo como acomodar el relato de la historia a beneficio del buen pensar. No hay nada tan reaccionario y alienante como ajustar el análisis sobre el pasado para que la historia diga lo que queremos que diga.



La historia no es una interpretación. Es un hecho. Cuando "analizamos" la historia, intentamos desentrañar los motivos de cada fenómeno, por lo general en relación con otros, un compendio que viene a definir el espíritu y tendencia de una época. Empeñarse en divulgar la historia como "calificación de intenciones", y revisarla desde el punto de vista de las ciencias morales, amén de una estupidez es una arbitrariedad mayúscula, una fechoría intelectual que convierte la historiografía en "Historia Sagrada". El mito sustituye a la realidad, con lo cual ambos conceptos tornan en huecas naderías: ni el mito opera como elemento cohesionador del inconsciente colectivo ni la realidad "generada" es verosímil. Por contra, resulta ridícula, estragantemente pastelosa.

Organizar y clasificar la descripción histórica según la conveniencia del buen pensar contemporáneo es de ignorantes o de sectarios. Probablemente ambas cosas a la vez, pues no hay nada tan predispuesto a la ignorancia como el sectarismo.

Les pongo un ejemplo.

Si un catedrático de historia de la universidad Complutense de Madrid afirma en un programa de televisión que "Las consecuencias de la guerra civil española fueron tan devastadoras que no se recuperaron los niveles de renta de la población hasta 1950", la frase queda campanuda, majísima, de lo más progresista, democrática y guay. Pero ese señor, por muy catadrático que sea, acaba de decir una majadería grande como la catedral de Colonia. Y eso no es lo peor. Lo peor es que el susodicho catedrático es consciente de su "interpretación" sectaria de los datos históricos. Porque el enunciado puede exponerse en otros términos: "Hasta 1950 no hubo en España un reparto de la renta que equilibrase las desigualdades sociales, tan enormes en épocas anteriores que el nivel de renta en 1931 era el mismo que en 1950". Esto último, claro, es facha. Es decir lo mismo pero sin denostar en segundo plano al franquismo, culpable de todo lo que fue y de lo que no fue. ¿Imaginan ustedes cómo estaría repartida la renta de la población española en 1931 para que después de una larguísima guerra civil y un exilio considerable en términos cuantitativos, no se llegase a igualar el volumen de renta de 1931 hasta 1950? O eso, o que durante la época republicana las clases trabajadoras vivían felicísimas, con unos niveles de vida envidiables, con su SEAT600 y sus vacaciones en la Manga del Mar Menor...

Obligar a la historia para que diga lo que queremos que diga, lo que nos interesa y confirma nuestros pre-posicionamientos ideológicos, además de una sandez es perverso. Y consagrar el sectarismo y la ignorancia como virtudes cívicas, una canallada.

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