Carmona again

Ha sido un fin de semana excitante. Apasionado. Volver a Carmona y reencontrar a viejos y nuevos amigos, y retomar el pulso radiante y la luz de aquel tiempo era parte de nuestro programa de pequeñas satisfacciones y grandes ilusiones. Maravilloso el encuentro con Narcisa, nuestra antigua casera. Sigue cosiendo, cuidando de su casa y de los suyos. Sigue siendo la persona más amable, educada e íntegra de la calle Ancha y sus alrededores, y ya saben ustedes que el valle del Guadalquivir es inmenso. Entrañable Narcisa: un ser humano como la catedral de Colonia. Un corazón como un diamante.


Participar en las Jornadas de Novela Histórica organizadas por Hislibris estaba previsto, y más o menos preparada la mesa redonda en la que intervine, aunque al final Juan Eslava, Sebastián Roa y yo (después de la cena del viernes, animados por la conversación y la sensación tan confortable de sentirnos en amistad), decidimos que en vez de una conferencia sesuda era mejor una charla informal sobre novela y novelistas. El resultado fue un encuentro muy ameno con gente "nuestra". Un goce más.

Lo que no estaba preparado ni por lo remoto fue recibir los premios Hislibris 2012 a la mejor novela y al mejor autor. El aturullamiento que me entró fue importante. La segunda vez que acudí al estrado para recoger la estatuilla (los curiosos "Celedonios"), no me salían las palabras.

Ha sido un fin de semana prodigioso. De verdad llega de molde la expresión: inolvidable.




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