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Mostrando entradas de junio, 2013

Diez veces NO para un escritor principiante

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A ciertas edades lo mismo da decir “hace dos años” que “hace tres años”, de modo que me aplico el axioma y les cuento que hace dos o tres años, en una conversación mañanera que mantuve con mi tocayo José Vicente Vaquero Santillana, en la cafetería San Pedro de Carmona, surgió el asunto de casi siempre: qué consejos le daría yo, a él, en aquel entonces escritor en ciernes y a punto de publicar su primera novela. Intenté explicarle que no podía decirle lo que debía hacer porque, presuponiéndole talento (que lo tiene) y ganas (que le sobran), él mismo se iría despejando todas las incógnitas, esas recomendaciones que los autores de recorrido ya un poco largo suelen hacer a los más jóvenes aunque, en el fondo, sospechan que en el peor de los casos caerán en saco roto; y en el mejor, serán innecesarias.

Escritores: ¿nuevo paradigma?

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Hasta hace unos años, un escritor era  dueño de un mundo propio, un universo complejo y original de referencias estéticas y morales, edificado tras un trabajo minucioso, perseverante, apasionado, en ocasiones visionario... Y el resultado de su trabajo, si aspiraba a publicarlo, tenía que estar a la altura de las exigencias de calidad y comercialidad establecidas por el sector editorial.

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Alguna vez he oído por ahí que la vida se compone a base de ciclos de siete años. Será cierto, aproximadamente cierto o más bien un mito, aunque en este caso se cumple con puntualidad asombrosa y entrañable.

Hace siete años que Sonia y yo empezamos a vivir juntos en Castelldefels. Aquí fuimos felices como dos niños pequeños que empiezan una aventura excitante. Recuerdo que en nuestro apresurado encandilamiento, un poco eufóricos por esa vida nueva que acabábamos de estrenar, cometíamos jubilosas tonterías, como por ejemplo ir al supermercado para "hacer la compra del mes" y volver a casa cargados de cocacola, chocolates, turrones, helados, bizcochos, caramelos, snacks... Todo lo necesario para organizarnos maratonianas sesiones de cine casero pero, sin lugar a dudas, por completo inútil para alimentar a una familia durante tres o cuatro semanas, aunque la familia fuese tan pequeña como el 2.

1984 revisitado

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Hace un par de años, en mi última visita al museo del Louvre, padecí una de las peores mañanas de domingo que recuerdo. Entendámonos: malas mañanas de lunes y martes, y no digamos jueves, las he tenido desde pequeño y en cantidad sobrada. Pero mira que es difícil joderle a uno con J de jueves una buena mañana de domingo. Primavera (casi verano), París, el Louvre...: la formula no podía fallar, al menos eso pensaba. Falló con estrépito. Verán, yo les cuento:

Houellebecq, el novelista inoportuno

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Decía Óscar Wilde que, para un escritor, la manera más segura de fracasar es obsesionarse por gustar a todo el mundo. Justo lo contrario de lo que lleva haciendo durante bastantes décadas el inclasificable Michel Houellebecq, sin duda el novelista contemporáneo más contestado (a menudo odiado), y el autor francés de mayor éxito en la actualidad. Sus libros se venden por centenares de miles, se traducen a decenas de idiomas y reciben distinciones y premios en muchos países. El último de estos sonados laureles le fue otorgado por su novela El mapa y el territorio, premio Goncourt 2010.

Birds

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Desde la habitación del hotel, en París, sentado al escritorio, veo unos pájaros muy grandes. Ayer, un amigo me decía: "Aprovecha para escribir a orillas del Sena". Imposible porque me alojo en Orly. El París de postales y bohemias me queda un poco retirado. Cuando vaya por esos entornos haré lo que todo el mundo: un par de fotografías para colgarlas en facebook. De momento escribo, cierto, pero no junto al Sena sino ventaneando a mi vecinos con alas. Unos magníficos cuervos.