Adiós a twitter

Independizarse de twitter es más sencillo que salir de la droga, de la iglesia católica o de Movistar. Es la única ventaja que he encontrado en esa red social después de dos años como usuario (poco activo, tengo que reconocerlo). Teóricamente sirve para ponerse en contacto con personas afines y compartir informaciones y opiniones con muchos otros internautas. En la práctica, como tantos sitios de la red, sirve para que la gente, cobijada en el anonimato en su inmensa mayoría, saquen al troll que llevan dentro y pierdan el tiempo y la decencia en rebuznos de 14o caracteres, abismados en una parodia cruel de su supuesta condición humana. Twitter no sirve para discutir siquiera, sólo para odiar. La policía del pensamiento, ya de por sí repulsiva, se convierte en chusma paramilitar. En cada rincón de esas mazmorras hay un vómito de rabia, una arenga homicida, una amenaza estúpida. Twitter es el lugar perfecto para escribir "Cifuentes, jódete", o "Salgado, jódete", y que decenas de energúmenos te zaleen y rían la gracia. No he conocido mayor casa de putas, con la diferencia de que las sufridas putas algo de provecho hacen, muy en el fondo, por la salud mental de una sociedad muy enfermita.

Que le den a Twitter por donde sí le da la sombra.

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