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Bernhard y los porteros de la finca

Se lío en uno de esos blogs "de culto" que florecen como setas tipo phallus impúdicus en internet. Se lió porque nuestro premio Príncipe de Asturias de las Letras (y escribo "nuestro" porque me da la gana), Antonio Muñoz Molina, reconoció en pasadas fechas que nunca había leído a Thomas Bernhard y que el descubrimiento de este autor (tan fundamental por otra parte para entender algunos golazos de la literatura contemporánea), había significado para él (me refiero a AMM), eso mismo: un grandísimo descubrimiento.

Y se lió: que cómo es posible, que un novelista que a los 57 años no ha leído a Bernhard ni es novelista ni cosa que le parezca... Y aventuras de ese estilo. Otras páginas de culto, de las que florecen en internet como phallus impúdicus, "se han hecho eco del debate". Et-ce-te-ra.


Cada día, más país de porteras. Aquí ya no cuenta quién es y qué hace cada cual, sino cómo y dónde pasa la vida: en qué hospital se opera de la hernia, a qué colegio van sus hijos, si está casado por la iglesia, si da limosna el día del Domund o cotiza a un sindicato "gremial", o sea, facha. Cada día, por supuesto, el panorama cultural se parece más al general: una cosa con pringue de fotonovela. Ya, lo último: que a un autor lo alguacilen por leer o no leer a unos u otros colegas del gremio. Esto no es inquisición, ni siquiera un linchamiento de esos que llaman escraches. Es auténtica, pura, genuina estupidez. Auténtica, genuina, pura miseria moral.

¿Cómo es que tanto les importa a algunos carajotes las lecturas de AMM ni de nadie? Lean ellos, que no les hará mal, y dejen vivir. Cualquier día se pone a llover idiotas.

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Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



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