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Pecados capitales

 Levantarse a las 12'30, bostezar largo y tendido (porque tendido sigo en el lecho), escuchar el rompiente de las olas en una mañana de sol y silencio en esta parte del mundo, ya abandonada por veraneantes y turistas aunque tenaz en el clima veraniego; recorrer descalzo el pequeño apartamento, tomar un zumo, derrumbarse en el sofá, perder media hora consultando el correo electrónico en el iPhone, las noticias de la una; bajar a la playa con el perro, pasear muy despacio (la índole bulldog de Odie ayuda en la demora), contemplar un rato el gran azul que hoy está de un azul como rampante, combado revoltoso bajo el sol que le acaricia la barriga; volver a casa más despacio todavía, despertarla...
-¿Qué hora es?
-Las dos menos cuarto.
-¡Dios mío! Esto tiene que ser pecado.
Pereza concretamente. Pecado mortal. Y contra pereza, ya se sabe: diligencia.
Esta tarde me embucho La diligencia de John Ford, penitenciado del todo.


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La hora de Bizancio

Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

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A las pocas semanas de conocerla, paseábamos por no recuerdo que ciudad. Se fijó en un McDonald's que brillaba nocturno y pomposo, con sus luces redichas de cafetería americana para niños felices; y como una niña feliz, y hambrienta, me dijo: "¡Qué suerte... Vamos a comer una hamburguesa!"

Diez personalidades tóxicas en Facebook (y cómo librarse de ellas)

Facebook no es un manicomio autogestionado como twitter, pero en materia de gente perturbada, asfixiante, obsesiva y dañina presenta una variedad más que notable. Y una abundancia preocupante. Los usuarios de esa red social tenemos la ventaja de compartir nuestros contenidos con gente que, más o menos, es amiga; es decir: podemos controlar quién ve nuestras publicaciones y a quiénes vemos. Sin embargo, ¿quién no se ha topado, con demasiada frecuencia, con "muros" y biografías atiborradas de sandeces, impertinencias, majaderías, insultos y toda la basura que una mente desocupada y confusa puede generar en una mañana o una tarde de posteos?