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Rubí, provincia de León

Rubí, banlieu
Habíamos preparado y teníamos mucha ilusión por este amable encuentro con José Antonio Llamas y Ana, en Rubí, un lugar desmedido en pleno Vallés industrial y en cuyas afueras, convenientemente alejados del mundanal ruido, José Antono y Ana comparten ahora sus vidas. Hemos charlado de lo divinamente humano y lo humamente divino. Se me hace raro encontrarme con Toño Llamas en esta Cataluña industrial donde ahora habita. Siempre hemos compartido horas de cháchara y amistad en paisajes más dulces a la vista y, para los dos, sospecho, más acogedores: Cármenes siempre, alguna librería de León en ocasiones. Sin embargo, hoy el día estaba por el sector secundario. Ana, amabilísima, ha ejercido a la perfección de guía en estos ámbitos un poco fragorosos. Hasta hacernos sentir en casa.

Justo en la casa donde ahora habitan José Antonio y Ana, en una urbanización suficientemente retirada de Rubí, se recupera súbito el sentido más lento de todo lo que nos merece la pena. Una vivienda en una finca enorme, con huerto y corrales y cuadras y más animalillos que en muchos zoos de provincias. Entre perros, gatos, pájaros de todas clases a resguardo en una inmensa jaula-hábitat, patos, gallinas, pollos y un caballo veterano blanco como el de Santiago, el censo animal de aquella residencia es tan populoso como el humano en esas ciudades asiáticas donde hay más gente que aire para respirar. Aunque eso sí: en la propiedad campestre donde Toño y Ana vuelven a ser pareja después de una vida que los separó hace mucho y que ha vuelto a reunirlos hace nada, sobra el aire para respirar hondo y llenar de aire puro el corazón y ser felices en la medida de lo razonable.

Luis, amigo. Abrazos...
Lo que no han sobrado hoy han sido los pensamientos, los sentimientos, las palabras en torno a lo sucedido en León. Lo dije antes: el sector secundario imponía su tragedia. A cada poco me llegaban noticias por el iPhone. A cada poco recordábamos a un amigo, un conocido, alguien de allí que está sufriendo estos días y que sufrirá en el futuro y ya para siempre la pérdida de personas a las que amaba. Es la mina. Es León, "Una tierra dura como la gente que la habita", decía Ramón José Sender. Y tan dura, terrible a veces como buena madre es siempre. León era hoy inevitable en el recuerdo; e inevitable hablar hoy, con toda constancia, del corazón de León, duro como la mina, grande como la montaña grande de la tierra más grande de España.

Picos de Europa

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