Ferrer-Dalmau

Cuando hablé con los editores de Áltera sobre la portada de Almirante en Tierra Firme, y les planteé la posibilidad de esta Fragata Española, 1700, de Augusto Ferrer Dalmau, el asunto pasó de puntillas como un deseo maravilloso pero inalcanzable, lo que suele ser común a casi todos los deseos maravillosos. Sin embargo, para algunas cosas soy obcecado. No siempre, no para todo soy constante y mucho menos tenaz. Por el contrario, tiendo a dejar por imposible lo que suele ser simplemente difícil. A lo mejor es porque los años me han enseñado a no derrochar energías e ilusiones en anhelos que en el mejor de los casos, una vez alcanzados, no merecían tanto desgaste.

Sin embargo, no era ni ha sido el caso con este lienzo, esta portada (en aquel entonces sólo posible), y un autor como Ferrer-Dalmau. Decidí ponerme en contacto con él y contarle directamente y con franqueza lo que había: muchas ganas y poquitos medios de la editorial para sufragar el privilegio de que su nombre y su obra se vincularan a una novela firmada por mí, y, a más intención, sobre la vida, hechos y deshechos del almirante Blas de Lezo y Olabarrieta. La respuesta fue rápida y elocuente, como elocuente es el gesto de una persona grande y un artista más grande todavía. Sólo se me ocurren dos palabras: generosidad (la de Ferrer-Dalmau) y gratitud (la mía). Y una certeza: cuanta más importancia tiene la obra de un autor, más sencillo es su estar en el mundo. Quien se encumbra, se enmohece y encima las palomas lo tratan como suelen. Quien posee talento, no necesita pedestales.

Total, que al final, por una vez obcecado y por siempre agradecido, quedó mi Almirante con la portada que soñé para él. A unos les gusta más y a otros menos (a algunos nada); pero esto último no tiene la menor importancia. Me ilusiona a mí, le gusta a mi editorial y en esa fragata española de 1700 hay sitio dentro y mar afuera para que don Blas de Lezo navegue por muchos años.


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