Paréntesis

Cuando se presentó en sociedad, allá por 2009, la directora de la biblioteca municipal de Carmona estaba encantada: "Me parece que al fin vamos a tener en Andalucía una editorial de novela y narrativa que merezca la pena, de las que publican literatura de verdad...", me comentó. Bueno...

No ha sido la editorial con fondos más pimpolludos ni seguramente su gestión fuese la más productiva, pero puedo asegurar, porque estoy en condiciones de hacerlo, que en Paréntesis he encontrado los títulos más sorprendentes por su novedad y calidad en el último lustro.


A lo mejor ese ha sido su defecto (el de Antonio Rivero Taravillo, director de publicaciones hasta hace poco): empeñarse en sacar adelante una editorial nutrida por novedades de alta exigencia literaria y apetecibles clásicos que todo el mundo debería haber leído (me refiero a ese "todo el mundo" que se tiene por lector, aficionado a la lectura o como ahora se llame el oficio). Desde que se organizó parda con el homenaje a Foxá y la presentación de Misión en Bucarest y otras narraciones, Paréntesis ha sido como una metáfora de gozosa beligerancia en la grisura del panorama literario español: sólo buenos títulos, sólo buenos autores. Sus portadas eran una declaración de principios: "LO IMPORTANTE ESTÁ DENTRO". El que quisiera colorines y letras en relieve y fotos guapas, al best-seller, que es terreno conocido y allí sobran florituras.

Juan Villa Díaz y su El año de Malandar fueron un descubrimiento casi increíble, por lo brillante de un autor hasta entonces desconocido, por la contundencia y eficacia de una prosa y un argumento extraordinarios. No los únicos, desde luego. De memoria recorro mis lecturas de Paréntesis en los últimos dos o tres años y me vienen enseguida al santiscario y su regusto muchas horas de disfrute y algunos títulos ejemplares: Ardeviejas, de Carlos Jurado Caballero; Sin noticias de Acuario, de Reyes García Doncel; El códice purpúreo, de Hermnia Luque; La trilogía de la Transición de José Manuel Benítez Ariza; Aracne, de José Antonio Moreno Jurado; Tierra de bárbaros, de Norberto Luis Romero...

Ahora, como muchas otras en España, la editorial ha ido a la quiebra. A diferencia de muchas otras, queda un fondo de libros y títulos valiosísimos. Lo único que cabe es resignación (son los tiempos y su sentido), y una encendida esperanza: que esos títulos no se pierdan... Ya saben, como lágrimas en la lluvia.

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(Espacio cedido amablemente por este blog para Publicidad):






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