Todo lo que no hice ayer

Comencé la jornada aconsejando a mi amigo Xosé Antonio López Silva que se tome la dedicación a su tesis como un descanso (merecido por cierto), tal cual aquella advertencia de los curas en el colegio: "Descansar no significa no hacer nada, sino cambiar de ocupación". Nunca lo creí, a qué disimulos, pero bueno: el que no se consuela es porque no quiere.

De modo que tras los consejos (soy bueno dando consejos, y mal ejemplo), decidí aplicármelos y emprender un memorable día de ocupaciones provechosas.

Para empezar, abrí el buzón del correo por si había correspondencia. Encontré una carta que no era para mí, con el destinatario extraviado, y la coloqué en el casillero de los efectos postales devueltos. El cartero seguro que me lo agradece. Esa fue la buena acción día.

Después fui a la playa, acompañando al perro. Tiene este animalillo la costumbre de acercarse al rompiente de las olas, ladrar cuando le salpican y de vez en cuando arrearle un mordisco a la marea, para que aprenda y deje de meterse con él. Me gusta ver al pequeño Odie peleando con el mar, sin duda asombrado de que las olas se atrevan a volver una y otra vez a pesar de sus ladridos y furiosas tarascadas. Enfrentarse y discutir con el agua y amenazar a las olas para que no regresen nunca me parece una tarea más humana que canina, la verdad... Como el santo aquel que encontró a un niño en la playa intentando vaciar la mar serena con el recipiente de sus manos ahuecadas; como el emperador Jerjes (persa tenía que ser) en la flagelación del Helesponto, cuando ordenó castigar a los mares por serle adversos y fastidiar algún detalle de sus planes guerreros. Sí, tirar piedras al agua y contar las olas (por si falta alguna), es una de las ocupaciones más provechosas para un mortal.

De retirada hice más cosas, como dormir un poco de siesta, empezar la redacción del prólogo de la novela de un amigo (la amistad y el mar, la siesta... Esto se pone de un filosófico que hay que echar el cierre cuanto antes); y decidir el título de otra novela; no la novela de un amigo sino de una novela que cualquier día me pondré a escribir. Total, una vez hallado el título, lo demás es ponerse al teclado. Tan sencillo como debatir con el mar, como sentir revelada la verdad del universo en la tenacidad optimista y fiera de un bulldog que lucha contra el mar.

Y eso fue todo lo que no hice ayer.

Flagelación del Helesponto. Fuente: Wikimedia Commons


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