Enfermedades raras

Es impresionante la cantidad de mascotas que hay en facebook y  de enfermedades raras, dolencias  tremebundas, tragedias neurológicas, esclerosis de todas clases y parálisis de innúmeras variedades que salen cada hora en televisión (en todos los canales de la caja maligna). Me he dado cuenta del pavoroso fenómeno estos días en los que estoy sin conexión a internet y agoto algunos ratos de ocio doméstico fumando ante el televisor. (Lo de fumar es el detalle canalla, no sea que alguien piense en la absorta inocuidad de esos raros momentos en los que descanso de mis maldades habituales).

Yo creía ... Yo pensaba que la solidaridad ñoña con las víctimas de enfermedades fatales era cosa del entorno 2.0, o sea, de la comedia costumbrista sin argumento denominada "redes sociales". Suponía, ignorante como siempre, que las publicaciones y mensajes de condolencia y apoyo a los enfermitos de este mundo y sus familias,  con el exasperante ruego de "compartir", eran el culmen, el no va más de la caridad gazmoña con ánimo de lucro (el de los spamers), a costa de los ingenuos que llenan sus muros y biografías con el pasteloso material. Eso creía. Qué error.  El verdadero negocio está en las emisoras de TV: de las dolencias infantiles a los achaques terminales de la senectud, la programación es un circo de pulgas donde los enfermos actúan gratis, las productoras llenan minutos libres entre espacios publicitarios y la audiencia se conmueve y, si hace al caso, llora. No hay edad, no hay privacidad, ni hay límite para el espectáculo. Si hay que exhibir las lágrimas caudolosas de una niña de 11 años que necesita 5000 euros para operarse en Barcelona de vaya usted a saber qué displasia opilante, se exhiben, tanto a la niña como las lágrimas de la niña. Si hay que sacar a una anciana enferma de alzheimer farfullando delirios propios de su mal, se la saca. Tal nuestra cultura: el dolor de los necesitados para beneficio de los listos y compasión de los menos listos, quienes, precisamente por menos listos, solemos ser tontos.

Qué ganas tengo de recuperar mi acceso a internet, retirarme de la histeria mediática y consolarme con las cadenas de solidaridad de siempre, ese cáncer de toda la vida que sanaremos en esfuerzo colectivo, a fuerza de compartir chorradas en nuestros perfiles. De verdad, echo de menos los dramas ya tan conocidos, compartidos y retuiteados, de fondo casi entrañable. Tan inofensivos. 

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