Lo único diferente

El mismo jolgorio pastueño de siempre, la misma gente, con la misma sonrisa, congregada desde horas antes bajo el gran reloj, la misma alegría de baratillo de grandes almacenes, los mismos escenarios, las mismas campanadas, el mismo programa de televisión con la misma presentadora y casi siempre los mismos invitados diciendo las mismas simplezas de cada año. El mismo programa de entretenimiento, los mismos actores, cantantes y cómicos, los chistes de siempre, el espumillón y el confeti de siempre. Los únicos que cambiamos en esta celebración de la banalidad somos nosotros. Lo único verdadero y con sentido de la macrofiesta planetaria es nuestra evidencia íntima: ha transcurrido un año y la vida continua sin tenernos en cuenta para nada. Lo único que tiene valor: nuestra determinación de que la propia existencia sea algo de verdad importante, no por lo que dijimos, dónde estuvimos, quién nos acompañaba o si estábamos solos, sino por lo que hicimos y que de verdad sentimos que merecía la pena.

Esta mañana, tras cruzar a nado el puerto de Barcelona como manda el protocolo navideño en estos lugares, uno de los participantes en la temeraria costumbre manifestaba ante las cámaras de TV:

-No sé porqué, pero cada año el agua está más fría.

El agua, insensato, está a la misma temperatura que el año pasado. Lo que sucede es que tú eres, cada año, un año más viejo.

Es lo único que cambia en el guión, y lo único que deberíamos observar con mirada de año nuevo: nuestras posibilidades de cambiar para seguir siendo nosotros mismos.

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