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Mayorías


La obsesión es la mayoría. Decir y escribir las cosas que gustan a la mayoría, y decirlas no sólo para que la mayoría las entienda sino en la manera en que a la mayoría le place que se le cuenten. La mayoría manda en las urnas y en las listas de libros más vendidos. Todo el mundo (la mayoría), se siente autorizado para denostar a los electos para la cosa pública, pero nadie pone en cuestión la sabiduría del pueblo soberano. Lo mismo sucede con los libros. Al final el lector decide. Pero decide como en política: en el fondo, para nada.
La mayoría es difusa, gaseosa y lejana de sí misma; tanto que apenas existe más allá del mito democrático (votar, comprar, "elegir"). La gente, por lo general, encuentra gregario placer en sentirse "como todo el mundo". Sin embargo, es muy difícil que se reconozcan como mayoría de algo, esa mayoría que teóricamente todo lo decide y con todo puede. Siempre se impone la evidencia de que ser mayoría sirve para tanto como para tan poco. Por eso las listas de best-sellers, los éxitos de YouTube y el monopolio de Word Office tienen un lejano regusto de venganza social, acaso intelectual; es el triunfo consentido por la mayoría en la pugna oferta/demanda. Es la apoteosis mayoritaria allá donde sólo se permite a la mayoría serlo: la simplicidad volitiva del mercado.

Para los demás negocios importantes de este mundo, el pueblo unido jamás será mayoría.

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