Música (poco) popular

Hay géneros musicales de carácter localizado, como la copla, las rancheras, la jota navarra o el baile chileno del pañuelito, que lejos de su ser geográfico-popular dicen poco o menos que poco a quienes topasen con el azar de escucharlos. Los hay de ida y vuelta en ámbitos culturales más amplios, como la música céltica-irlandesa, las habaneras, el acordeón parisino o la canción tirolesa. Y los hay universales, los que se escuchan en Lima igual que en Tokio, en Nueva York y en Helsinki, como el tango, el blues, el jazz, el fado o el flamenco.

Por la naturaleza del caso, no hay excepciones aunque sí rarezas. Una de ellas me causó especial asombro hace unos días, cuando contemplaba por la Televisión Canaria (que debe de ser como Canal Sur más o menos, "la tele de los viejos" más o menos), una especie de zambra o tenida de cantes que se replican unos a otros con melodías inverosímiles, las cuales, unánimemente, entusiasman al público. Tremendo.

Fados que no son fados, boleros que no son boleros, habaneras que conservan un último latido a pulso de esta composición pero que se distancian en el enunciado... voces potentes que entonan armónicos sin criterio, tipo pastiche en pleno jolgorio de autocomplacencia. El presentador del evento zaleaba cada intervención con una riqueza lexical mucho más interesante que las interpretaciones seguidas a punto; y los asistentes (como dije, tan felices y orgullosos de su folclore autonómico), echando chispas al aplaudir.

Comprobado: cada lugar tiene su aquel. En Canarias, comprobado también, la música autóctona no es lo más lucido, entre otras razones porque, en rigor,no es  autóctona. En las islas soplan vientos de todas partes, y los vientos traen ecos de música de muy lejos; desmayados, pero ecos a fin de cuentas.

Habrá que buscar otras gracias estéticas a esta perla de la Macaronesia. De momento, con el el dúo furbolero Ronaldo (Madeira) / Jesé (Gran Canaria), me voy conformando. No es poco.



Entradas populares de este blog

Godos, de Pedro Santamaría

La hora de Bizancio

Del azul nacen los caballos