Ora marítima

"Me preguntaste, si recuerdas, cuál era el emplazamiento del mar Meótico". Así comienza Rufo Festo Avieno su Ora Marítima, una obra escrita en el siglo IV AdC y en la que describe las costas de Hispania y el Mediterráneo, basándose en testimonios documentados de otros geógrafos de la antigüedad, como  Hecateo de Mileto, Helánico de Lesbos, Fileo de Atenas, Escílax de Carianda, Pausímaco de Samos, Damastes de Sigeo, Bacoris de Rodas, Cleón de Sicilia, Heródoto de Turios y el ateniense Tucídides.
Mucha gente se cita en el concurso de saber y experiencia, claro está. Porque el mar y los asuntos del mar siempre han sido de mucho preguntarse unos a otros, sugerir misterios y desvelar pizcas de infinitud entre mortales. El mar siempre es el mismo, los caminos del agua no han cambiado desde que Poseidón azuzaba vientos contra Odiseo, las naves tartésicas viajaban a Cornualles en busca de estaño y el fenicio Hanón aventuraba su periplo hasta el confín tormentoso de una tierra inmensa que entonces no se llamaba África. Todo el mar está visto, surcado, descubierto y padecido. Pero nada del mar está dicho para siempre. Cada día insiste en la interrogación locuaz sobre la espuma de las olas y cada día sentimos la obligación de respondernos. Cada día nace una historia sobre el mar, la Ora Marítima que cada uno relata según la música que el mundo y los mares y océanos que hay en el mundo quisieron dejar en sus labios. Tal vez en sus sueños.

Cada día.

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