Diez personalidades tóxicas en Facebook (y cómo librarse de ellas)

Facebook no es un manicomio autogestionado como twitter, pero en materia de gente perturbada, asfixiante, obsesiva y dañina presenta una variedad más que notable. Y una abundancia preocupante. Los usuarios de esa red social tenemos la ventaja de compartir nuestros contenidos con gente que, más o menos, es amiga; es decir: podemos controlar quién ve nuestras publicaciones y a quiénes vemos. Sin embargo, ¿quién no se ha topado, con demasiada frecuencia, con "muros" y biografías atiborradas de sandeces, impertinencias, majaderías, insultos y toda la basura que una mente desocupada y confusa puede generar en una mañana o una tarde de posteos?

Lo más desagradable de la situación se produce cuando los pelmazos desinhibidos por el anonimato se cuelan en nuestras propias publicaciones, a través de los comentarios, y convierten en una feria de estupideces y artillería mongoloide lo que era un inofensivo post, publicado con la única pretensión de compartir con gente sobria y sensata cualquier información que nos parezca interesante.

Es prudente detectar a estas personas, o grupos, y colocarlos en donde deberían estar, la bandeja de bloqueados. Si acaso nos vinculase con  estos individuos (e individuas) una relación o amistad "fuera de la red", y en consecuencia el bloqueo resultara una medida demasiado problemática, también deberíamos plantearnos la manera de neutralizar influencias tan desagradables. Por si les resulta útil, les participo mi experiencia en este sentido. Ya sabrán ustedes cómo actuar, si es que no han decidido resignarse a padecer a estos incordiosos amigos, los cuales clasifico en diez categorías por mera funcionalidad, porque clases de pirados hay muchas, más de diez sin duda. En realidad, cada chalado y cada coñazo es un mundo, toda una categoría en sí.

Ahí van:

1 - Los "Angustiados Vitales"



Son esa clase de gente que confunden Facebook con el diván del psiquiatra. Los hay misteriosos, del estilo "No puedo creer que esto me esté pasando a mí", "El día ha sido una larga espera hasta alcanzar la miseria" y cosas parecidas. También existen en su faceta intimista, en la que desarrollan un impudor sonrojante: "Quien me dijo que el matrimonio es para toda la vida, me engañó: para toda la vida es el suplicio de mi divorcio"; "Me siento abatido/a, el primo de mi cuñado ha sufrido un derrame cerebral y anoche lo ingresaron en urgencias".

Estas personas buscan sobre todo empatía, que todo el mundo sufra como sufren ellos por la hernia de su novia o porque se les ha muerto el gato. Como suelen ser inconstantes, basta con colocarlos en la categoría de conocidos para no recibir noticias suyas y librarnos de sus desdichas cotidianas, las cuales, por lo general, nos importan un pimiento. Si se tratara de un amigo real, un breve y amable correo dándole ánimos y recordándole que Facebook está para compartir contenidos interesantes o divertidos, (al menos esa es la utilidad evidente para las personas normales), puede resultar muy útil.


2 - Los "Qué feliz soy"




El polo opuesto del caso 1. Son gente metafísicamente obsesionada con ser felices, demostrar que lo son y airearlo a barlovento y sotavento. Llenan sus biografías con cartelitos ridículos, tipo "Cada nuevo amanecer es un regalo del destino para el tesoro de tus ilusiones", y pendejadas de similar calibre. También parecen obsesionados con ilustrar gráficamente su perpetuo estado de ventura, por lo que cuelgan multitud de fotografías de sus adorables mascotas, sus preciosos hijos, sus maravillosos nietos, casi siempre acompañadas de comentarios caramelosos: "Dios los bendiga y les llene el corazón con la misma dicha que yo siento al contemplarlos", y cosas de esas.

Esta gente es poco peligrosa, pero transmiten una desconcertante certeza sobre la cantidad de bobos satisfechos que hay en el mundo. Tanto si son amigos reales como si no, merecerían que les enviásemos un privado en el que quedase claro que su perro tiene aspecto tiñoso, sus comentarios son pueriles y, seguramente, los jackers aprovechen las fotografías de sus nietecitos en la piscina para surtir de imágenes maliciosas el acceso a cualquier web de pornografía infantil. A ver si espabilan y se dejan de chorradas.


3 - Los "Solemne Comunicado"



Estos me emocionan. Deben de pensar que el mundo existe sólo para que ellos tengan un sitio donde poner los pies, y que los demás vivimos pendientes de sus especialísimas circunstancias vitales y sentimos enorme interés e incluso inquietud por las mismas. Casi nunca actualizan sus biografías, pero cuando lo hacen cruje el misterio. Cuelgan notificaciones de tono encíclico, tal que "Quiero comunicar a mis amigos y amigas de facebook que durante los próximos días no estaré disponible, ya que una serie de obligaciones laborales, así como el estado de salud de mi esposa, me tendrán muy ocupado".

Por mí, como si se mantienen ocupados con la dura realidad toda la vida, o más allá. Hay que insistirles: Facebook es para asuntos amenos o interesantes. ¿Se darán cuenta algún día de que sus vidas son tan corrientes y molientes como las de los demás? Difícil lo veo. Si los tenemos como amigos, lo mejor es ponerlos en conocidos y pasar de ellos. Para siempre.


4 - Los "Lo que yo te diga"



Son los enteradillos de la red. De todo saben, de todo entienden, de todo opinan, en todo sientan cátedra. No hay conversación en la que no se consideren obligados a intervenir y, por supuesto, "dar línea", sacarnos de nuestros errores e iluminar nuestras vidas con la poderosa luz de la verdad. Sus comentarios suelen ser del estilo "Tienes razón en parte, Alberto, pero ten presente que la acumulación de capital que se produjo en la extinguida Unión Soviética a raíz de la presidencia de Putin no tiene comparación con el incremento del PIB en países emergentes del extremo oriente como China, Singapur o Corea del Sur".

A estos analistas pluridisciplinares frustrados lo mejor es no responderles, dejar que su exceso argumentativo quede en el vacío de una conversación sin terminar. De esta forma, puede que alguno se dé cuenta de que para rollazos y listillos ya tenemos los programas de tertulianos en TV.


5 - Los "Saco de Lástima"



Son una clase, o mejor dicho, dos clases de usuarios de Facebook muy peligrosos y rematadamente dañinos. Entre ellos los hay bien intencionados aunque muy latosos y, también, los que pertenecen a la categoría de timadores profesionales. Su método consiste en publicar diariamente y con una precisión a veces sospechosa el catálogo de sus desventuras, enfermedades, apuros económicos y estrecheces de todas clases. Suelen dar muchos detalles sobre lo ingrato de sus vidas (por lo general tienen enfermos crónicos a su cargo, hijos con dolencias incurables o ancianos desvalidos); casi siempre están a punto de que los desahucien, no tienen a quién acudir ni quien les asista, etc, etc. He encontrado casos hilarantes, por lo tosco de la pantomima, de familias enteras dedicadas a esta profesión de dar pena, lo que los convierte en pedigüeños virtuales de oficio. ¡Incluso publican su número de cuenta corriente en la fotografía de perfil, para que las personas conmovidas por sus desgracias les echen una mano!

Yo creo que, con diferencia, son lo peor de Internet. Timar a idiotas y codiciosos está muy mal y es moralmente reprobable, pero no hay comparación con aprovecharse de los sentimientos de piedad y buen fondo de las personas sencillas. Esto último es una cabronada propia de mal nacidos. Ante estos casos, lo mejor es avisar a la unidad de delitos telemáticos de la Guardia Civil (puede hacerse on-line); y también, a ver... Pensar despacio sobre la manera más útil y sensata de ayudar a los demás (en el caso de que nos entre la vena altruista). Hay organizaciones benéficas, ONG's, instituciones de asistencia social... Están Médicos Sin Fronteras, Cáritas, la Fundación Vicente Ferrer y muchas otras asociaciones donde nuestra ayuda, de verdad, será valiosa y decentemente administrada. Pensar (eso mismo) antes de darle al click.


6 - El putón facebookero



Las hay de dos categorías: la choni virtual y la glamour hasta la muerte. Las primeras se dedican fundamentalmente a colgar fotos de sus borracheras en compañía de amigas igualmente putonas (al menos se les presupone), y partirse de risa con las ordinarieces que algunos mendrugos salidos escriben en sus muros. También se las distingue porque repiten cada cuatro líneas que Mario Casas está buenísimo. Su frase preferida: "jajajajajajajaja". Cuando se ponen transcendentes, les entra la retórica profunda y sentencian: "Porque me sale del coño", o "Estoy hasta las tetas de...".  Las glamourosas son menos estridentes pero igual de ridículas. Según cuentan (a saber...), se pasan el día en el gym e, inevitablemente, cuando vuelven a casa todos los tíos se vuelven para mirarles el culo, lo cual les molesta mucho (eso dicen). Los fines de semana aprovechan para hacer fotos de amaneceres en la playa. Suelen tener una cohorte de admiradores masculinos que babean tras cada una de sus publicaciones.

Sobre este tipo de usuarias no doy consejo alguno respecto a cómo tratarlas. Como dicen en Kiev: allá cada cual.


7 - El salido solitario




Viene a ser, aproximadamente, la versión masculina del putón facebookero. Es frecuente que coloquen fotografías de varones más agraciados que ellos, o retratos antiguos, con diez o doce años de solera. No es que les haga ilusión parecer más jóvenes sino que, de esta forma, evitan que los cataloguen de inmediato como lo que suelen ser: viejos verdes pajilleros. Publican pocas actualizaciones pero ejercen de comentaristas de guardia en todas las biografías femeninas de su lista de amistades. Su fórmula de asedio constante es similar a "Lo que daría yo por estar ahora mismo en Teruel contigo, querida amiga, compartiendo esos preciosos momentos". Mentira de las gordas. Lo que buscan es una parodia de romance virtual, material evocable para su actividad principal en la vida, que es la masturbación. No es infrecuente que establezcan conversaciones en privado con alguna incauta y acaben interrogándola hasta lo obsceno sobre los detalles más íntimos de su último relación, del tipo "No te ofendas por la pregunta, es que te aprecio y siento esta curiosidad: tu novio, ¿te lamía el sexo?".

Bloqueadlos. No seáis tontas y bloqueadlos. Que se jodan y vayan a cascársela a otra parte.

8 - El indignado incansable



Este espécimen ha proliferado en los últimos años. Son los llamados "activistas de sofá". No importan sus ideas ni sus principios, si es que los tienen. Lo molesto de ellos (y ellas, que de ellas hay muchísimas), es lo repetitivo, machacón, agobiante de su perpetuo estado de furibundia contra el sistema (sea cual sea el sistema, ya digo que esto es irrelevante). La suya es una ira que probablemente consideran sagrada, inviolable, irrebatible, y por tanto les confiere el derecho supremo a irrumpir en los muros y biografías de los demás con comentarios siempre descorteses, a menudo ofensivos. La suya es la irascibilidad de los imbéciles (si no me das la razón, me cabreo; y si me la das, también), y sus opiniones y juicios los del necio presuntuoso que todo lo afirma bajo convicción de irrefutabilidad. A modo de ejemplo, alguien cuelga una foto de la primera comunión de su sobrino; el indignado incansable comenta tan ufano (sic): "Lástima que la hostia se la haya metido en la boca un cura pederasta que estaría pensando en meterle otra cosa". Perdonen la ordinariez pero la cita es genuina y no tiene desperdicio para ilustrar la catadura de algunos de estos sujetos. Hay etcéteras para todos los gustos. Dan un poco de grima y bastante asquito.

Publican unas cuarenta o cincuenta actualizaciones diarias, y cada vez parecen más soliviantados. Queda la remota esperanza de que cualquier día de estos, del propio sofocón, les dé un jamacuco que los retire para siempre de las redes sociales y de ir al cine.

Si son amigos sólo de facebook, lo mejor es bloquearlos. Si se les concoe "de la calle" y no se les quiere bloquear, es útil ponerlos en la lista de simples conocidos, desactivar sus notificaciones y, si fuera necesario, enviarles un mensaje parecido a este: "Querido Fulano, me alegra tenerte como amigo y agradezco tus aportaciones en cada conversación. Sin embargo, como aparte de tu apreciada amistad tengo otras, gente de todas las creencias y opiniones, te ruego encarecidamente que tus intervenciones se ciñan a lo que pueda llevarnos a acuerdo y nos resulte útil, no a lo que produzca discordia y malestar de unos contra otros. Un saludo muy afectuoso y recuerdos a tu mujer". Y que les den por saco, a él y a su resignada esposa.

9 - Los que hacen listas de 10 cosas superimportantes para luego colgarlas en facebook.

10 - Ir al punto 9.

Con lo cual, queda dicho lo que se pretendía. Lamento la desconsiderada extensión de este post pero, créanme, no he tenido tiempo para ser más breve.

Con Dios.

Entradas populares de este blog

Godos, de Pedro Santamaría

La hora de Bizancio

Del azul nacen los caballos