Ir al contenido principal

Ese momento de la eternidad

Cuenta Richard Morris, en su Historia definitiva del infinito, una anécdota atribuida a Tomás de Aquino. Dos de sus alumnos se confabularon para ponerlo en un apuro, planteándole la siguiente paradoja en forma de pregunta: "¿Qué hacía Dios durante toda la eternidad, antes de crear el mundo?".

El bueno de Tomás, después de pensarlo un rato (algunas versiones señalan que solicitó cuartel por dos días para resolver el difícil enunciado), les respondió: "Se dedicaba Dios por ese entonces a construir el infierno para quienes hacen preguntas como la vuestra".

La eternidad, como su propio nombre indica, no tiene término medio: o es en verdad eterna por lo extenso, con lo cual nada ha podido suceder y nada sucederá, o es un círculo infinito y pequeño como un instante. Tan duradero y fugaz como el presente, que ya se ha ido pero continua estando aquí, en este otro presente que se acaba de terminar. Etc...

Cierto, el infierno quedó construido a la perfección y desde siempre para los zascandiles que, de vez en cuando, pensamos en estas cosas. Lo mires desde arriba o desde los lados, cualquier eternidad es el infierno. El presente tiene otras trazas más amables, posiblemente porque lleva la fecha en el DNI y podemos guardarlo en el bolsillo. De tal manera, y considerando esto último, se puede traer a juego la pregunta de los discípulos de Tomás de Aquino; no hace falta ir tan lejos y preguntarse por lo que hacía Dios antes de crear el mundo... En plan paseo por la playa, sólo es necesario interrogarnos sobre el momento de la eternidad en que fuimos. Y qué hacíamos antes de venir a este mundo. Y dónde estábamos.

Adónde vamos es cuestión más sencilla, tan fácil que no merece más que una pregunta: si alguien conoce los horarios de ese transporte y hasta qué parada llega, que lo diga.

Entradas populares de este blog

La hora de Bizancio

Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

En el mundo globaliza…

Una hamburguesa en un McDonald's

A las pocas semanas de conocerla, paseábamos por no recuerdo que ciudad. Se fijó en un McDonald's que brillaba nocturno y pomposo, con sus luces redichas de cafetería americana para niños felices; y como una niña feliz, y hambrienta, me dijo: "¡Qué suerte... Vamos a comer una hamburguesa!"

Diez personalidades tóxicas en Facebook (y cómo librarse de ellas)

Facebook no es un manicomio autogestionado como twitter, pero en materia de gente perturbada, asfixiante, obsesiva y dañina presenta una variedad más que notable. Y una abundancia preocupante. Los usuarios de esa red social tenemos la ventaja de compartir nuestros contenidos con gente que, más o menos, es amiga; es decir: podemos controlar quién ve nuestras publicaciones y a quiénes vemos. Sin embargo, ¿quién no se ha topado, con demasiada frecuencia, con "muros" y biografías atiborradas de sandeces, impertinencias, majaderías, insultos y toda la basura que una mente desocupada y confusa puede generar en una mañana o una tarde de posteos?