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La posibilidad de la aventura

Lo más razonable es pensar que el vuelo MH370 de Malaysia Airlines acabara en una terrible catástrofe, perdido en un espacio aéreo incalculable y, al fin, hundido en las aguas infinitas del océano. Cuando se barajan muchas hipótesis en torno a un misterio, por lo general la más sencilla suele ser la acertada. En este caso, por desgracia.

Sin embargo hay una resistencia colectiva a la aceptación de ese final, dramático para los familiares de las víctimas y decepcionante para todo el mundo; y cuando escribo "todo el mundo" me refiero a todo el planeta, los cientos de millones de personas que seguimos a diario las noticias sobre este suceso. Hay demasiados elementos de intriga en la historia como para resignarnos a que todo acabe con la apabullante evidencia de algo que ya sabemos: los aviones se caen de vez en cuando y suele haber pocos supervivientes. O ninguno.

Los móviles que siguen sonando, los antecedentes del piloto (ahora sospechoso de secuestro), los dos pasajeros iraníes que embarcaron con documentación falsa... Demasiados argumentos para la posibilidad de una gran aventura.

Hace un par de días llegó a mi whastApp la imagen que figura al pie de estas líneas. Lo primero que pensé, fue: "Los frikis no tienen compasión ni respetan nada".  Después me di cuenta de que, en este caso, la apelación a la aventura y el misterio es la única clave para la esperanza. Todos queremos secuestrados a los viajeros del MH370. Secuestrados, perdidos, encerrados en a saber qué guarida de malvados en medio del Pacífico, maniatados, puede que aterrorizados. Los queremos protagonistas de una gran aventura. Cualquier cosa antes que convertidos en comida para peces.

Decidí reenviar la imagen a mis amigos. Por solidaridad humana. Por compasión entre aventureros.


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