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La lápida

En la imagen, sacada de Google Maps, la iglesia de Llánaves de la Reina (Picos de Europa, León).

Junto al portón del templo, a la derecha, verán ustedes un pequeño redondel, una especie de losa incrustada en la pared, sobre la cal blanca como blanca es la nieve y blanca la inocencia de algunos y blanquísima la inopia de otros cuantos.


Es una lápida, estela vadiniense, datada entre los siglos VI y IV AdC; un resto arqueológico, como suele decirse, de incalculable valor, perteneciente a una cultura preromana extinta, la tribu cántabra que tuvo su centro capital en la ciudad de Vadinia, cuyo emplazamiento es ahora un enigma. En el museo arqueológico de León y también en el Nacional se conservan casi todas las lápidas propias y muy características de esta civilización. Digo casi todas porque, que yo sepa, al menos una de ellas no está en un museo ni custodiada más que por la buena fe de los vecinos de un pueblo que todos los años se queda aislado del mundo por la nieve. Ahí, a la intemperie, expuesta a lluvias, nevadas e improbables calores veraniegos, al polvo de la carretera, a que cualquier depredador detenga su vehículo cualquier noche y la arranque de dos martillazos, está tan solemne, tan llena de misterio, la última lápida vadiniense de España. Un círculo de piedra que contiene todos los elementos míticos de la cultura cántabro-céltica: el sol, los caballos, la esvástica celta...



A ver si alguien hace algo y ponen este objeto "de incalculable valor" en algún lugar donde no corra el riesgo de desaparecer y se le puede seguir calculando el valor por mucho tiempo. Digo yo.



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