La gran belleza (a la segunda)

De acuerdo, he necesitado dos sesiones para hacerme con ella. Lo reconozco. En la primera ocasión me dejé llevar por la potencia y capacidad excluyente de Fellini y Visconti. Sorrentino no es Fellini. Sorrentino no es Visconti. Ramona no es Angélica Huston y Jep Gambardella no es Gustav Aschenchav (más bien me recuerda a Camilo José Cela con treinta kilos menos).


Nada es lo que parece. Lo que debería ser. Pero La gran belleza es una película capaz de dejarme embobado dos veces. Muchísimo.


Y este menda no es Tadzio ni por el blanco de los ojos

Entradas populares de este blog

Una hamburguesa en un McDonald's

La hora de Bizancio

Godos, de Pedro Santamaría