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Tajao

Cortados como la piedra nos quedamos. El lugar es un desierto, árido y simple como como un sueño sin recordar y un fantasma sin nadie a quien asustar. La piedra pulida por el ventarrón perpetuo en esta esquina de la isla argumenta un paisaje de drama antiguo, un escenario entre onírico y tramposo: ninguna persona en su sano juicio puede tener tanta alma como para vivir aquí siempre. Hay un par de pequeñas urbanizaciones para veraneantes. Pasar aquí las vacaciones, pensé, es cosa de chiflados. Lo pensé pero no lo dije. Y ni una palabra dije cuando la dueña del Rincón del Marinero, un lugar tan vacío y seco como el ojo de un tuerto, nos echó a la calle porque no teníamos intenciones de sentarnos a comer sino de tomar unas cocacolas. "Ni bebidas ni café. Sólo comer". Imaginé a inexistentes, imposibles comensales tragando arena del desierto, sin un triste vaso de agua que les aligerase el martirio.

San Miguel de Tajao, un pueblo a palo seco.





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La hora de Bizancio

Capítulo primero del ensayo Ciberadaptados, de Antonio Manilla, publicado por la editorial La Huerta Grande (2016).





La hora de Bizancio



Tengo para mí que la deseuropeización de Europa la comenzamos nosotros mismos, los europeos, mucho antes de la creación de la Comunidad Económica. Hablar de la caída en desuso de los valores que nos construyeron, probablemente sería atinado si es que creemos que las civilizaciones se erigen alrededor de un ideario. Yo pienso que los valores vienen siempre después de algún otro impulso, como justificación o así, al menos hasta la creación de las filosofías idealistas, que, además de invertir el curso habitual del río de la vida, me parecen por lo general un exceso de optimismo o fe en lo teórico que casi nada más han producido dictaduras y sistemas inhumanos. El motor constructor de Europa, como ocurre con las parejas, pienso que fueron dos: un ansia insaciable de conquista y un anhelo no menor de definirse a través de la diferencia.

En el mundo globaliza…

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A las pocas semanas de conocerla, paseábamos por no recuerdo que ciudad. Se fijó en un McDonald's que brillaba nocturno y pomposo, con sus luces redichas de cafetería americana para niños felices; y como una niña feliz, y hambrienta, me dijo: "¡Qué suerte... Vamos a comer una hamburguesa!"

Diez personalidades tóxicas en Facebook (y cómo librarse de ellas)

Facebook no es un manicomio autogestionado como twitter, pero en materia de gente perturbada, asfixiante, obsesiva y dañina presenta una variedad más que notable. Y una abundancia preocupante. Los usuarios de esa red social tenemos la ventaja de compartir nuestros contenidos con gente que, más o menos, es amiga; es decir: podemos controlar quién ve nuestras publicaciones y a quiénes vemos. Sin embargo, ¿quién no se ha topado, con demasiada frecuencia, con "muros" y biografías atiborradas de sandeces, impertinencias, majaderías, insultos y toda la basura que una mente desocupada y confusa puede generar en una mañana o una tarde de posteos?