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Mostrando entradas de 2015

Interregno: Entrevista y reseña de la novela en La Orilla de las Letras

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... seamos sinceros: ¿en qué contexto historiográfico no aparecen, con fachada de verdad incuestionable, elementos mítico-fabularios? ¡La Historia está plagada de mitos, leyendas, relatos fundacionales más falsos que una moneda de tres euros! Nosotros, que hemos vivido en Granada durante tanto tiempo (creo que tú continuas por allí, o bien cerca), sabemos que nuestra ciudad asienta lo profundo de su “ser colectivo”, es decir, su identidad común, sobre los fortísimos cimientos de maravillosas mentiras y arriesgadas escenificaciones: “la reconquista de España”, el supuesto esplendor del supuesto paraíso nazarí, la Toma de la ciudad por los Reyes Católicos que no fue una toma sino una entrega pactada, el “suspiro del moro” que ni fue suspiro ni había moros por allí, la impostura de los Libros Plúmbeos y la fundación de la Abadía del Sacromonte, la coronación en la Alhambra de José Zorrilla como príncipe de los poetas de España, el mito lorquiano… La lista puede ampliarse bastante, pero …

El blocao

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-¡Compañía! ¡El coronel!

El coronel era un anciano corpulento y malhumorado. Empezó por arrestar al segundo de la fila.

-Éste no tiene bigote -dijo, señalando a Pérez, un muchacho lampiño que estudiaba matemáticas..

-Es que... verá usía, mi coronel... -respondió el capitán.

-Nada, nada. He dicho que todos vayan pelados al rape y con bigote. No quiero señoras en mi regimiento. ¡Bigote! ¡Bigote!

Aquella desaforada invocación al vello producía en los restantes jefes una visible desazón. Todos miraban al pobre Pérez como a un relapso, un proscrito, un mal soldado de España. Pérez temblaba.

-Es que -se atrevió a decir el capitán - a este soldado no le sale bigote.

-Pues al calabozo. Hasta que le salga.

Cicatriz

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Simon es una calamidad, un trasto. Es un genio (o casi) de la informática; ha creado a LISA, un programa de identificación de imágenes que sin duda revolucionará los avances en este campo, facilitando la posibilidad de multitud de aplicaciones, incluidas las militares, el espionaje, etc. Sí, en serio: es un genio. Pero es un desastre, un inútil con referencias, un sujeto tan diestro con los ordenadores como negado para la vida no virtual. Simon es como el Raymond de Rain Man, o el de “Simon dice…”, pero tomando decisiones importantes, o sea: cagándola; es como un niño grande jugando a ser mayor y metiendo la pata cada vez que respira; es como el Simón de Radio Futura. Dan ganas de meter la mano entre los renglones de esta novela, sacar al personaje agarrado del pecho, arrimarle un par de guantazos y decirle con los dientes bien pegados a su nariz: ¡Eres tonto, Simon, y no tienes elección!”.

Primera novela de un autor no primerizo

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La verdadera historia de Lucrecia Viñal es una primera novela, y lo primero que hay que decir es que no se nota. Hay mucha experiencia lectora y bastante oficio de escritor vertidos en estas páginas. Alfonso Montoro (Jaén, 1975), no improvisa, no acude a las obsesiones y tentaciones del autor novel. Por el contrario, encontramos en esta obra una prosa madura y trabajada con diligencia y pulcritud. Quizás el reto más difícil con el que se encuentra un autor primerizo es crear un ambiente y un tono propios de la narración, exentos de la (a menudo) urgencia por “decirlo todo” con la propia voz. En este caso puede indicarse que, por fortuna para autor y lectores, ya se ha superado esta fase, digamos, reivindicativa. Estamos, pues, ante un novelista consolidado y con una trayectoria muy amplia por desarrollar, lo cual resulta alentador. Cierto es que Montoro no se ha precipitado por publicar, ha eludido la indecisión de los comienzos para ofrecer una obra “madura” en toda la extensión y en…

Águilas y Cuervos

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Primera obviedad necesaria: una novela histórica precisa de una atmósfera, un ambiente verosímil que al mismo tiempo ejerza como subrayado eficiente e invisible de la época en que se ambienta la narración. Y esa atmósfera no se consigue amontonando documentación, sino caracterizando a los personajes y exponiendo las situaciones conforme al “espíritu de los tiempos”. Primera obviedad y primer acierto de esta novela: construir con firmeza y mediante una prosa esmerada (deliciosamente traducida por Carmen Bordeu), ese nítido y confortable paisaje literario, habitado por personajes convincentes. Oh, no crean que hacer todo eso, y hacerlo bien y que ese “bien” se denote desde las primeras páginas de la novela, es algo sencillo. Por el contrario, resulta extraordinariamente complicado, se requieren muchos años de oficio, muchas horas de trabajo, de escritura y corrección, también de edición. Ese es el mérito de Águilas y Cuervos que se manifiesta desde sus primeras páginas, el suspiro de …

Génesis

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Bernard Beckett ha escrito una novela inteligente, muy ágil y con innegable pretensión de convertirse en lectura de calado, honda en conceptos y un poco (quizás demasiado) vertiginosa en planteamientos y puesta en escena. Al final, tres horas de sofá muy amenas, colmadas de reflexiones aproximadamente filosóficas sobre la conciencia humana, su sentido y su posibilidad en la historia. Y poco más. Hay un arranque que subyuga de inmediato, un desarrollo un poco previsible por sabido... Y un final que combina, sin duda lejos de la voluntad del autor, lo sorprendente con lo decepcionante. Da la impresión de que al novelista se le ha agotado el argumento al mismo tiempo que las ideas.

Lo peor, sin duda: que ese final precipitado recuerde, de manera fatal, a la saga de El Planeta de los Simios. Im-perdonable.

Noviembre, noviembre...

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Escribí: "No se me pasa noviembre sin hablar de los muertos que antes y muy al principio eran muertos en los libros de historia muertos de siempre en sepulcros de mármol y panteones como moradas eternas de muertos que impresionaban más desde la solemne muerte ornada por la razón de los siglos que cuando fueron vivos, o muertos en la memoria antigua de nuestros mayores colgados en fotografías de pared nimbadas por el etéreo de lo eterno, aquellos muertos de otra época, otra gente y otras vidas sepultadas por el moho del tiempo, sólo recordados por los que pronto irían a hacerles compañía, bien pronto, unos muertos más cercanos, los más ancianos entre los que sí habíamos conocido, aquellos familiares decrépitos casi siempre enfermos que nunca salían de casa y a los que se había otorgado el beneficio piadoso del fallecimiento doméstico, preguntábamos: "¿La tía Enriqueta vive aún?" pues lo cierto era que daba igual si vivía o ya había muerto, la tía Enriqueta, y después de…

Draco, la sombra del emperador

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Sobre Juliano el Apóstata (Juliano II, emperador de los romanos entre 361 y 363), hay mucha documentación escrita, ensayos académicos, opúsculos divulgativos y, por supuesto, literatura. La figura histórica de un emperador empeñado en retrasar el curso de la historia, derogar el cristianismo como religión oficial del imperio y restaurar el culto a los antiguos dioses ha fascinado a muchos autores y lectores durante décadas. La novela de Goré Vidal, Juliano el Apóstata (1964), estableció un rasero literario muy exigente, aunque, como es lógico, sin agotar el asunto por cuanto el personaje pertenece a la categoría de los "mitos abiertos", siempre sujetos a nuevas interpretaciones, siempre punto de partida para la construcción de nuevas conjeturas y estructuras narrativas en torno a su persona.

Un país imaginario

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En una reciente entrevista de prensa, Julio Llamazares afirma que España “sigue sin ser un país normal, porque el nacionalismo es un problema del siglo XIX”. Será por tanto que España, como pretensión o conjetura de nación más que como nación en sí misma, es una controversia decimonónica sin resolver. Aunque esta definición riñe de base con el concepto de España (quizás simple anhelo, hermosa impaciencia de país), que traspasaba de ilusión a varias generaciones hace cuatro décadas, cuando entre el pueblo llano y el montañoso, los tirios y los troyanos, se acordó y llevó a la práctica la idea más original, moderna y generosa de nuestra historia: sacar adelante una sociedad en la que todos pudiésemos convivir, donde todos aportaran y no sobrase nadie. Al día de hoy, cabe preguntarse: ¿qué ha pasado?; aquellos sueños de una nación entusiasmada por su futuro de progreso y concordia … ¿Ubi sunt?

1984

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Orwell no ideó un mundo terrorífico. Ya existía en la Unión Soviética, dirigida con puño de acero por Stalin, y se reproduciría como una pesadilla interminable en los países que cayeron bajo influencia de la URSS después de la Segunda Guerra Mundial. El valor de ‘1984’ es haber penetrado en el fondo, la esencial naturaleza de dominación psicológica sobre la que fundamenta su poder el Gran Hermano. Lo horrendo de ‘1984’ no es el temor constante a la vigilancia y la delación, la represión, las torturas y la evaporación de los disidentes (aun cuando su descreencia del sistema fuese mínima, irrelevante e incluso ingenua). Lo espantoso de ese mundo descrito por Orwell es la claudicación del espíritu, la eutanasia mental que supone adherirse al sistema para librarse de sus horrores. El final de la novela es un puro escalofrío: “… él amaba al Gran Hermano”. Ese es el mal perfecto de todas las dictaduras perfectas: conseguir no sólo aplastar la disidencia sino concitar la complicidad del conj…

Miradas nuevas por agujeros viejos

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No conocía este libro-libro de relatos-libro de aforismos de José María Pérez Zúñiga. Ni idea de que había engrosado el catálogo de Páginas de Espuma con estas miradas nuevas, hace casi dos años. El título (que no me gusta mucho), cae ahora de molde: agujeros viejos como vieja es nuestra amistad, como viejo nunca agotado siempre moribundo el oficio de mirar. Libro nuevo que ya no es nuevo. Así son las miradas cuando se pierde de vista a la gente que se aprecia y a los autores que se han estimado desde el primer momento. Cierto, pierdo de vista a demasiados amigos, a algunos autores. Mi culpa. Podría excusarme en aquello de "cada uno en su casa", pero es que nuestras casas están lejos que si mantenemos el principio, al final me quedo más solo que Juanita en su jardín (otro día les cuento esa historia). Por otra parte, creo que en las fechas en que se publicó esta colección de prosas, José María andaba radicalmente occidentalizado, allá por centroamérica (Ecuador creo, ¿o era …

Entrevista elaborada por los lectores de Hislibris (3/11/15)

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Más que orgulloso, me siento conforme y en tablas con la vida gracias a mi trabajo y dedicación como autor de narrativa. El orgullo es un sentimiento demasiado tirano que siempre está de sobra en un novelista. Hay que tener humildad para aprender de los grandes, también para echar una mano a quienes empiezan y denotan buena índole y maneras prometedoras. Sobre mis novelas, algunas me han dado más satisfacciones que otras, pero todas tuvieron su momento y su porqué; de tal manera, en un sentido muy metafórico, estoy orgulloso de todas. O de ninguna, usted ya me entiende.

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Un año (y más) esperando a George Orwell y a 1984

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Recién publicado en Editorial EAS. Un libro que ha exigido mucho esfuerzo, mucho y muy esmerado trabajo. En fechas más próximas que lejanas se comentará con detalle. De momento, un somero anticipo.






Almas vencidas, de Edith Wharton

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“Almas vencidas” es uno de los textos más representativos de la obra de Edith Wharton: y en él se reflejan los temas que caracterizan su obra: los problemas sociales y sentimentales derivados del matrimonio, la rigidez de las normas, los conflictos de clase o la ambición por conocer el mundo. Un relato protagonizado por los norteamericanos que viajaban para conquistar, y dejarse conquistar por Europa. Acompañando la prosa de Wharton, las sugerentes ilustraciones de Clàudia de Puig nos llevan a otra época y nos permiten nuevas y sugerentes visiones de esta maravilla literaria de la autora de “La edad de la inocencia”.

Tan lejos de Itaca como siempre: instrucciones de uso

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Desde hace tiempo venía pensando en remodelar este blog y darle un sentido y propósito más concretos. Ahora que está de moda centrarlo todo, es ocasión, me parece, de centrar Lejos de Itaca exclusivamente en asuntos literarios. Ni actualidad, ni languideces personales (salvo lo que me llame mucho y me apetezca más), ni denostaciones varias, ni curiosidades de la vida hispánica ni, mucho menos, “cultura”. La cultura es todo, desde cómo se fríe un huevo hasta cómo se organiza una guerra civil. Demasiados tomates en el mismo cesto. No quiero escribir sobre todo. Sólo literatura. Libros. Sólo eso. ¿Por qué? Pues porque sí, porque me da la gana y además el cuerpo me lo pide.

Capitalismo: mentira, mito y realidad

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Difícil, ambiciosa tarea la que se ha marcado Francisco José Fernández-Cruz Sequera (Madrid, 1963), apoyado por una editorial modesta y valiente como EAS: sacar de imprenta dos ensayos en los que, desde distinta perspectiva, desmonta los encajes ideológicos del ultra-liberalismo económico que vive, reina y somete a occidente (en especial Europa), al tiempo que analiza la concreción inmediata de esa filosofía y política del beneficio financiero como valor principal de la existencia, aplicada en España durante los últimos años por el gobierno del PP. Aunque no sólo del PP es la responsabilidad histórica: Rajoy y sus ministros siguieron la línea de supuesta austeridad y entrega a los poderes económicos iniciada por Zapatero, y antes por Aznar, y antes por Felipe…

"Rebeldes", la seducción de la aventura

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Elegir el punto de vista adecuado es acertar sobre el recorrido de una novela. Lo demás es asunto mucho más privado: el talento del autor, el estilo, el ritmo, las inflexiones dramáticas en el argumento. Lo que determina “qué novela estamos leyendo” es la perspectiva, la cual impone, por lógica, el desarrollo consecuente de la voz narradora. Creo que Pedro Santamaría, en “Rebeldes”, no sólo ha dado un paso más que interesante en su trayectoria como novelista sino que, además, demuestra su oficio y perspicacia a la hora de discernir y elegir algo tan fundamental como la visión de conjunto que predetermina el desarrollo íntegro de la obra.

La fantasía de la razón en el universo holmesiano

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G.K. Chesterton, en su libro Ortodoxia, mantenía con la brillantez propia de su talento algo aparentemente insólito: es más razonable creer en los cuentos de hadas que en la ley de la gravedad. Según el genial londinense (quien tuvo el maravilloso buen gusto de fenecer en Beaconsfield, una ciudad de entrañable referencia para mi humilde persona), los cuentos de hadas demuestran que en el alma humana sin duda laten poderosas la bondad y la imaginación, en tanto que la ciencia no demuestra nada fiable sobre el espíritu de las personas y, además, la pretensión de comprender la naturaleza a través de leyes positivas, inalterables y excluyentes, limita el conocimiento sin aportar explicaciones plausibles al misterio del ser. Los mitos y la mayoría de las leyendas tienen como origen, por su propia naturaleza, un relato fabulario, pero transcienden esta relevancia de la ficción por cuanto poseen capacidad de tornar verosímiles, establecen una metodología equilibrada de conocimiento y análi…

La inconveniencia de suicidarse en Granada

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Conversando por teléfono, en mañana dominguera de luz amable en Guadix y Tenerife, con mi amigo Antonio Enrique. Aduce con más razón que Aristóteles:

-Si eres poeta granadino y estás pensando en suicidarte... Mejor no te suicides, porque con el homenaje póstumo que van a hacerte en tropel, en masa semoviente, los demás poetas granadinos, va a ser mucho peor el remedio que la enfermedad. ¡Aquí no puede uno ni suicidarse a gusto!

El tiempo de las muchedumbres sorbe su néctar de golosina barata hasta el tuétano de la muerte. Y así son los tiempos, esos mismos tiempos: los de la muchedumbre.

El político que amaba la poesía... y su princesa roja

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Está de moda la figura intelectual de José Antonio Primo de Rivera. El personaje histórico interesa menos, pues aún ejerce su plomo civil y su autoridad de metro iridiado la historiografía "progresista", quien lo señala como fundador de Falange Española (que lo fue), rebelde a la República (que lo fue), y justo ajusticiado por un tribunal popular en Alicante, en 1936. Eso, ya lo fue menos. Ajusticiado sí; pero justamente, no. Hablamos de una víctima de la guerra civil cuya memoria se acoge a la famosa ley resarcidora de represaliados en aquella barbarie. Y este último beneficio enoja aún más al antifascismo español. Les molesta y les repugna lo más grande ver aún, en algunos lugares públicos, recordatorios y homenajes a la denostada persona que murió suplicando aquello de "Ojalá sea mi sangre la última que se vierte...". Intocable su recuerdo, según la ley. Por cierto, cuando hablo de antifascismo me refiero a ese mismo antifascismo que ahora, ochenta años después…

Los jardines estatuarios - Los bárbaros

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Cycle des contrées

Los jardines estatuarios Los bárbaros
Editorial Sexto Piso Madrid, 2014-2015

Escribir sobre una novela (dos en este caso), siempre impone una cierta obligación hermenéutica. De la simple glosa a la reseña, hasta las palabras mayores de la crítica, la tarea de quien escribe sobre lo escrito requiere entre otros cuidados una interpretación sobre las pretensiones y alcance de la obra y una evaluación de lo conseguido, aquello que definiríamos como “mérito” del autor. En lo que concierne a “Los jardines estatuarios” y su continuación en el “Cycle des contrées”, “Los bárbaros”, parece que una tarea tan obvia se convierte en algo extremadamente difícil. Reconozco que antes de escribir esta noticia he leído unas cuántas reseñas sobre “Los jardines estatuarios”; y de todas (que no son muchas), he sacado la misma conclusión: nadie tiene ni idea de qué demonios ha querido contar Jacques Abeille con estas dos entregas novelísticas que se están convirtiendo en obras de culto, por…

Indie o qué...

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Por recomendación de mi amigo Francisco Portela, estoy leyendo una novela meritoria, Ojo por ojo, publicada en Amazon con el seudónimo de Peter Joseph. El argumento es sólido, la trama está muy bien organizada, los personajes quedan trazados con precisión y se desenvuelven con soltura, la época en que se desarrolla la acción resulta sugerente... En fin, que cuenta con todos los elementos necesarios para ser una buena novela, de las que pueden dar excelentes resultados a una editorial. Sin embargo, el autor (ya te digo, desconozco quién es el tal Peter Joseph), ha preferido publicarla por su cuenta y riesgo, por si acaso, por si suena la flauta. Digo yo que pensaría eso: casi nada que perder y mucho que ganar. Pero la flauta no sonará, temo.

El Vuelo del Águila

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Hay mitos populares abiertos, lo que entre otras cosas significa que nunca van a darse por zanjados. En realidad, la esencia del mito es su continuo aprestado para la hermenéutica y la suma de nuevos elementos, datos, aportaciones o “descubrimientos”. Por ese motivo, los mitos contemporáneos son objeto de atención recurrente en obras de ensayística y narrativa. Es el caso de este singular libro de Felipe Botaya, El vuelo del Águila. Y lo defino como singular porque de verdad es un libro raro, no por lo extraño sino justo por lo inusual. Pero antes, hace siete líneas, he dicho que los mitos contemporáneos, abiertos, son cauce permanente de atención y (re)creación. Hay que explicarse.

Sociedad adolescente

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Como la habitación de cualquier joven en edad de asombrarse por la tristeza de un domingo a media tarde, refugio y santuario doméstico improfanable, así se colman de sentido el malestar y las ideas supuestamente redentoras en nuestra cultura de yogures caducados y mascotas que bostezan y se lamen el culo ante el televisor. La identidad individual o colectiva (ah, los pueblos, las nacionalidades oprimidas, los explotados y desposeídos de este mundo), a falta de calles anchas y aire libre que conquistar, se enquistan en el cobijo familiar del “cuarto del niño” (o de la niña, qué más da); ese ámbito sagrado con las paredes cubiertas de carteles, la ropa amontonada, el ordenador siempre encendido y siempre bipeando mensajes de chat, la perpetua música de fondo, el televisor predicando en el desierto, el móvil enchufado al cargador, derritiéndose en presurosa amalgama de fotos y olakases…

Me llamo Suleimán

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Maravillosa tarde en Garachico, en compañía de Antonio Lozano, su nutrida familia y amigos, un peña encantadora de gente que merece la pena, todos congregados con motivo de la representación de la obra (adaptación de la novela homónima de Antonio) Me llamo Suleimán. Absortos, deslumbrados quedamos Sonia y yo con la increíble puesta en escena de este monólogo, un festín poético de imágenes, música y efectos digitales; y con el trabajo de Marta Viera, una actriz que nada más presentarse en el escenario atrapa al público con su mirada, su expresividad y una voz como hacía tiempo que no tenía el privilegio de escuchar: dice el texto con la maestría de los grandes, lo interpreta con la potencia de los muy grandes y canta como una soprano en día bendito de inspiración. Fue una tarde noche para recordar.

Una hamburguesa en un McDonald's

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A las pocas semanas de conocerla, paseábamos por no recuerdo que ciudad. Se fijó en un McDonald's que brillaba nocturno y pomposo, con sus luces redichas de cafetería americana para niños felices; y como una niña feliz, y hambrienta, me dijo: "¡Qué suerte... Vamos a comer una hamburguesa!"

El ejército de Dios, de Sebastián Roa

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Hay dos momentos en la historia de España que podrían haber sido decisivos para el islam: el esplendor de la Córdoba de los Omeyas y la convivencia entre cristianos y moriscos en la Granada conquistada por los Reyes Católicos, a partir de 1942. Los furibundos, ultraortodoxos almohades que se consideraban moral y políticamente superiores a los andalusíes (por no hablar de la potencia de sus ejércitos), acabó con el sueño de una Al Ándalus refinada, culta, tolerante y "contaminada" (felizmente) por el sentido occidental de la existencia. El incumplimiento de las Capitulaciones de 1491, por una parte, y las intrigas y conspiraciones de los moriscos "mal conversos" por otra, dieron la puntilla a ese islam occidentalizado, civilizado al estilo tradicional de los territorios que ocupaba, respetuoso con los credos distintos y conforme a vivir su fe como asunto privado y reconocimiento de derecho público; es decir, una religión normal. Luego de estas dos grandes frustraci…

Adelgazar comiendo

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TVE-24Horas emite una entrevista a pie de calle, en La Habana. Preguntan al personal sobre la apertura de la embajada de EEUU. Todos contentos. La propietaria de una librería confía en que este paso beneficie a "quienes trabajamos por cuenta propia". Tras de ella, estanterías con libros usados, deslustrados, pobres viejos sin la dignidad que lo antiguo confiere a cualquier volumen. Son sólo material de tercera mano. Sin embargo, uno de los títulos me hace brincar en el sillón, no sé si de pena y sorpresa o amarga hilaridad: "Cómo adelgazar comiendo".

Cuba...

Interregno, reseña en El Placer de la Lectura

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"Leer Interregno despierta la ensoñación, transportando al lector a una época incierta y un difuso escenario geográfico, en esos siglos en los que la bruma confunde realidad y leyenda; una larga época de cambio, oscura y misteriosa, propicia a lo extraordinario, donde se sumerge el lector en una mezcla de creencias, mitos y leyendas a la vez que presencia crudas y terribles realidades".
Fuensanta Niñirola.
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Marcar el paso

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Es muy sencillo. Cuando empecé a escribir, o mejor dicho, cuando conseguí publicar mi primer relato, a los dieciséis años (allá por 1972, ya ha pasado agua por la noria de Alcantarilla), las editoriales dedicadas a la literatura solamente contaban con los grandes éxitos internacionales y con los novelistas en lengua española más destacados. No era humana ni juiciosamente concebible que un autor de esa edad soñase con publicar cualquiera de sus obras si antes no había aprendido de los maestros. Y los maestros, en aquel tiempo, eran García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Cunqueiro, Perucho, Martín Santos, Carpentier, Marsé, Alfonso Grosso, Ana María Matute, Pla, Carmen Laforet, Mercedes Rodoreda, Vázquez Montalbán, Umbral... gente de aquella raza. No quiero molestar a nadie ni ser irrespetuoso con el trabajo de ningún colega del gremio, simplemente hago un intento de honestidad y de veracidad. Aquellos eran los maestros en los que mirarse, de los que debíamos aprender diligentemente s…

Lugares, gente de aquí y de allá

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El patio de Lizarrán en la T1 de Barcelona; el limpiabotas que trabaja a la entrada de la estación de Mery Lebone, en Londres; la cabina de teléfonos del Paseo Garbí en Castelldefels;  la esquina con el Bernesga en el Hostal de San Marcos, en León, del que afirmó Quevedo ser "el lugar más frío de España"; el camarero amigo de La Tertulia, en Granada, que nos invitó y me hizo quedar de la hostia cuando intentaba ligar con Sonia; la estación Méndez Álvaro, en Madrid, con sus carteristas rumanos y sus conductores chuletas; la pescatera de la Boquería de Barcelona que nos cobró 90 euros por dos sepias y un kilo de boquerones; la Plaza del Retiro de Bellavista, en Sevilla, con sus niños gritones y sus jubilados más gritones todavía; la tumba de Yvan Goll, en el cementerio Père Lachaise de París, con el epitafio "«No habré durado más que la espuma/ de los labios de la ola sobre la arena/ Nacido bajo ninguna estrella una tarde sin luna/ Mi nombre sólo fue una lágrima pasajera…

Interregno: el valor de lo épico en la narrativa contemporánea

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Entrevista publicada por El Manifiesto (18/06/2015)




José Vicente Pascual (Madrid, 1956), es un autor conocido por los lectores de El Manifiesto desde que en 2006 se integró en el equipo de redacción de la revista. A lo largo de estos años ha aportado un buen número de artículos con su firma, así como ha mantenido el blog Lejos de Itaca, desde el que nos ofrece su visión crítica, a veces cargada de ironía y escepticismo, sobre la actualidad cultural y política de España. De su faceta de novelista hemos dado cuenta en estas páginas, reseñando sus últimas y más sobresalientes obras: La hermandad de la nieve y Almirante en Tierra Firme, obra con la que alcanzó el Premio Hispania de Novela Histórica en 2013.

Su última novela, Interregno (Ediciones B, junio de 2015), es una obra de largo, intenso recorrido, con la Hispania del siglo V dC como escenario y pretexto para el argumento, el cual se resume en la inicial Nota del Autor: “En los albores del siglo V, desaparecido en la práctica el dom…

Manuscritos

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Con frecuencia me envían manuscritos de novelas en busca de editor. Con frecuencia rechazo leerlos por una mera cuestión de aritmética: si les dedicase la atención y esmero en la lectura que sus autores merecen, emplearía el 92'74% de lo que me queda de vida en la tarea. Hay sin embargo excepciones, bastantes. Por lo general, siempre tengo en mi apartado de lecturas un libro "en circulación" y un inédito. Reconozco mi criterio por completo discriminatorio a la hora de elegirlos: suelen ser obras de autores a los que ya conozco, de los que he seguido su trayectoria durante un tiempo, o bien llegaron recomendados con entusiasmo por algún editor de confianza. Ahora mismo, sin ir más lejos, estoy pasando buenos ratos de sofá con La Luz del Norte, de Carlos X. Blanco, una novela sobre la resistencia astur al avance del islam, en la Hispania del siglo VIII, que tuvo la amabilidad de enviarme Manuel Quesada, alma pater de la editorial EAS.

Interregno, primeras páginas

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I – La Liebre Cazadora
Ningún dios es más poderoso que un hombre, se decía Egidio, intentando reavivarse los ánimos. Ni los dioses de los bárbaros ni las deidades de Roma ni el dios de los cristianos tienen más fuerza que cualquier mortal, menos aún si ese hombre es un guerrero, quien toma la espada, decide entre la vida y la muerte y se proclama dueño de su eternidad. Tiritando de frío y abrumado por la noche, lamentaba Egidio no ser un guerrero. Ni siquiera un hombre valeroso.
Durante tres jornadas estuvo ocultándose por el día y caminando como espectro nocturno, hasta encontrar aquel refugio al que llamaban Liebre Cazadora, un barracón de paredes de piedra y techo enramado con tallos de centeno donde solían pernoctar viajeros, mercaderes y, en ocasiones, soldados de la prefectura de Gargalus que perseguían a ladrones de ganado o huían de los vándalos asdingos, quienes en ese tiempo asolaban el territorio. En La Liebre Cazadoratodos buscaban guarida, quedar a salvo de bandidos y mercen…

Sumisión, de Michel Houellebecq

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Si veo a un niño comer tres pasteles en ocho minutos puedo hacer cuentas y deducir que habrá reventado en los siguientes veintidós, o suponer que tarde o temprano dejará de engullir dulces. "Sumisión" es una novela estadística sin compasión: Al paso que va Europa, tanto en los ámbitos de la demografía como de la cultura (la maltrecha "civilización europea"), en una década más o menos seremos territorio islamizado. El islam redimirá a Europa de sí misma, devolverá un poco de dignidad y perspectiva (sea cual sea), al espiritualmente atrofiado, moralmente desahuciado y políticamente pasmado ciudadano de la UE; volverá a situar a la mujer como centro vital improfanable de la familia (igualmente supermineralizada), y etcétera, etcétera.

En cuanto a follar, volvemos a enterarnos de que Houellebecq no lo inventado, pero casi.

Como decía Chesterton: "Se deja de creer en Dios y se empieza a creer en cualquier tontería". Houellebecq ha tenido la portentosa habilid…

Interregno, una explicación que nadie ha solicitado y que casi nadie necesita

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En la primavera de 2011, con motivo de una lectura de su obra poética en la biblioteca pública de Carmona, tuve ocasión de reunirme con el escritor Antonio Rivero Taravillo, en aquellos tiempos director de publicaciones de Paréntesis, una editorial con sede en Alcalá de Guadaira, perteneciente al ya extinto grupo MAD, que hizo más por la novela española contemporánea, durante los pocos años de actividad que le concedió el mercado, que muchos sellos editores de renombre, de esos que llenan sus catálogos con obras perfectamente escritas para que puedan ser perfectamente leídas por un público perfectamente aleatorio y que, por supuesto, son perfectamente prescindibles (me refiero a aquellos títulos con vocación de superventas, no al público, quien, a la postre, lee lo que puede y no tiene culpa de nada).

El mundo como voluntad y predeterminación

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Según la ortodoxia marxista, el ser humano es un nudo de relaciones sociales. (Marx no habla del “ser humano”, sino del “hombre”, pero nosotros, al día de hoy, nos quitamos de encima sombras y sospechas, y sustituimos el clásico “hombre” por expresiones más acogedoras; con tal de que no resulten cursis o ridículamente incorrectas, vale). A lo que íbamos…

No es que al materialismo dialéctico le preocupasen mucho la índole y esencia de lo humano, ya saben: se trata de una visión totalizadora y científica del mundo, una wetl donde sólo alcanzan verdadero sentido e interés las dinámicas sociales, cuyas protagonistas son las masas; el curso de la historia es único e invariable, camina sobre raíles de acero hacia su fin necesario, que es el comunismo en su fase superior, y, en consecuencia, toda existencia individual, todo proyecto de vida personal, alcanzan una importancia relativa. En la narrativa clásica socialista, o materialista, el drama personal sólo tiene relevancia en la medida en…

El drama wagneriano

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Lo que sólo tiene significado como forma histórica es puramente convencional, no puramente humano. Desde este planteamiento inicial, alcanzado tras décadas de reflexión y tenaces experiencias de aprendizaje, llega Richard Wagner a la conclusión de que la obra poética sólo puede expresarse en dos instancias esenciales: la palabra, para expresar la inmediatez limitada del drama de la existencia, y la música, como forma y representación de aquellos elementos propios del espíritu y que no pueden ser expuestos por medio sólo de la palabra. Aunque va de suyo que la música, para Wagner, no es una sustitución o remedio para la limitación de la palabra, sino la manera (superadora) de indicar y describir aquello que por pertenecer a la índole evidente/indescifrable de lo humano no puede decirse de manera distinta. La música, por tanto, es la forma más elevada y cercana al núcleo del "misterio" concebida por la humanidad para nombrar lo que ningún idioma circunscrito a la historia pue…

El águila y la lambda

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Primera Guerra Púnica. 256 a.C. Después de casi diez años de guerra, Roma y Cartago se han desangrado mutuamente sin que ninguna consiga imponerse claramente. Marco Atilio Régulo, recién elegido cónsul, es enviado por el senado a África, al mando de la mayor flota jamás armada por Roma, con el fin de ir conquistando las ciudades que rodean Cartago, estrangular a la capital enemiga y poner fin al conflicto. Los púnicos, con un ejército muy inferior al romano y conociendo el prestigio militar de Régulo, se ven obligados a ponerse en manos de Jantipo, un curtido mercenario espartano al que confiarán su futuro. Sin embargo, los despóticos gobernantes cartagineses, temiendo que una vez que se haga con el control del ejército, Jantipo lo utilice para derrocarles, encargan a Arishat, una bella cortesana, que vigile los pasos del espartano. Basándose en los relatos del historiador griego Polibio, Pedro Santamaría narra con fidelidad y un ritmo demoledor la fascinante historia de la primera ex…