El drama wagneriano

Lo que sólo tiene significado como forma histórica es puramente convencional, no puramente humano. Desde este planteamiento inicial, alcanzado tras décadas de reflexión y tenaces experiencias de aprendizaje, llega Richard Wagner a la conclusión de que la obra poética sólo puede expresarse en dos instancias esenciales: la palabra, para expresar la inmediatez limitada del drama de la existencia, y la música, como forma y representación de aquellos elementos propios del espíritu y que no pueden ser expuestos por medio sólo de la palabra. Aunque va de suyo que la música, para Wagner, no es una sustitución o remedio para la limitación de la palabra, sino la manera (superadora) de indicar y describir aquello que por pertenecer a la índole evidente/indescifrable de lo humano no puede decirse de manera distinta. La música, por tanto, es la forma más elevada y cercana al núcleo del "misterio" concebida por la humanidad para nombrar lo que ningún idioma circunscrito a la historia puede nombrar.

En tal sentido, se desarrolla el convencimiento wagneriano de que es "el asunto" del drama quien otorga esta dimensión puramente humana a la obra. El autor de "El drama wagneriano", Houston Stewart Chamberlain, ya en 1982 clamaba contra aquella alianza de críticos y estudiosos interesados (y bastante mediocres), que concebían y presentaba la obra wagneriana como un todo tramado para apuntalar ciertas ideas y posiciones político-filosóficas previas, atribuidas a Wagner (casi) tradicionalmente: la grandeza del "espíritu alemán", la unificación alemana, etc... Disparates, manipulación o ignorancia interesada, lamenta Chamberlain. Existe una confusión, desde luego inducida, entre el sentido de la obra de Wagner y su interpretación en el ámbito de la "puramente convencional". El drama wagneriano no es el adorno propagandístico de un ideal, sino el ideal en sí. Que determinadas corrientes de pensamiento lo hayan utilizado como banda sonora, ni era intención ni estuvo jamás, de lejos, en las inquietudes del genio de Leipzig.

Tal como afirma Chamberlain: "No existe ningún parentesco entre el drama wahneriano y la ópera. Si se busca compararlos, el único resultado será el convencimiento de que siempre y bajo todos los aspectos, el uno es precisamente todo lo contrario de la otra".






Entradas populares de este blog

Godos, de Pedro Santamaría

La hora de Bizancio

Del azul nacen los caballos