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Mostrando entradas de junio, 2015

Marcar el paso

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Es muy sencillo. Cuando empecé a escribir, o mejor dicho, cuando conseguí publicar mi primer relato, a los dieciséis años (allá por 1972, ya ha pasado agua por la noria de Alcantarilla), las editoriales dedicadas a la literatura solamente contaban con los grandes éxitos internacionales y con los novelistas en lengua española más destacados. No era humana ni juiciosamente concebible que un autor de esa edad soñase con publicar cualquiera de sus obras si antes no había aprendido de los maestros. Y los maestros, en aquel tiempo, eran García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Cunqueiro, Perucho, Martín Santos, Carpentier, Marsé, Alfonso Grosso, Ana María Matute, Pla, Carmen Laforet, Mercedes Rodoreda, Vázquez Montalbán, Umbral... gente de aquella raza. No quiero molestar a nadie ni ser irrespetuoso con el trabajo de ningún colega del gremio, simplemente hago un intento de honestidad y de veracidad. Aquellos eran los maestros en los que mirarse, de los que debíamos aprender diligentemente s…

Lugares, gente de aquí y de allá

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El patio de Lizarrán en la T1 de Barcelona; el limpiabotas que trabaja a la entrada de la estación de Mery Lebone, en Londres; la cabina de teléfonos del Paseo Garbí en Castelldefels;  la esquina con el Bernesga en el Hostal de San Marcos, en León, del que afirmó Quevedo ser "el lugar más frío de España"; el camarero amigo de La Tertulia, en Granada, que nos invitó y me hizo quedar de la hostia cuando intentaba ligar con Sonia; la estación Méndez Álvaro, en Madrid, con sus carteristas rumanos y sus conductores chuletas; la pescatera de la Boquería de Barcelona que nos cobró 90 euros por dos sepias y un kilo de boquerones; la Plaza del Retiro de Bellavista, en Sevilla, con sus niños gritones y sus jubilados más gritones todavía; la tumba de Yvan Goll, en el cementerio Père Lachaise de París, con el epitafio "«No habré durado más que la espuma/ de los labios de la ola sobre la arena/ Nacido bajo ninguna estrella una tarde sin luna/ Mi nombre sólo fue una lágrima pasajera…

Interregno: el valor de lo épico en la narrativa contemporánea

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Entrevista publicada por El Manifiesto (18/06/2015)




José Vicente Pascual (Madrid, 1956), es un autor conocido por los lectores de El Manifiesto desde que en 2006 se integró en el equipo de redacción de la revista. A lo largo de estos años ha aportado un buen número de artículos con su firma, así como ha mantenido el blog Lejos de Itaca, desde el que nos ofrece su visión crítica, a veces cargada de ironía y escepticismo, sobre la actualidad cultural y política de España. De su faceta de novelista hemos dado cuenta en estas páginas, reseñando sus últimas y más sobresalientes obras: La hermandad de la nieve y Almirante en Tierra Firme, obra con la que alcanzó el Premio Hispania de Novela Histórica en 2013.

Su última novela, Interregno (Ediciones B, junio de 2015), es una obra de largo, intenso recorrido, con la Hispania del siglo V dC como escenario y pretexto para el argumento, el cual se resume en la inicial Nota del Autor: “En los albores del siglo V, desaparecido en la práctica el dom…

Manuscritos

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Con frecuencia me envían manuscritos de novelas en busca de editor. Con frecuencia rechazo leerlos por una mera cuestión de aritmética: si les dedicase la atención y esmero en la lectura que sus autores merecen, emplearía el 92'74% de lo que me queda de vida en la tarea. Hay sin embargo excepciones, bastantes. Por lo general, siempre tengo en mi apartado de lecturas un libro "en circulación" y un inédito. Reconozco mi criterio por completo discriminatorio a la hora de elegirlos: suelen ser obras de autores a los que ya conozco, de los que he seguido su trayectoria durante un tiempo, o bien llegaron recomendados con entusiasmo por algún editor de confianza. Ahora mismo, sin ir más lejos, estoy pasando buenos ratos de sofá con La Luz del Norte, de Carlos X. Blanco, una novela sobre la resistencia astur al avance del islam, en la Hispania del siglo VIII, que tuvo la amabilidad de enviarme Manuel Quesada, alma pater de la editorial EAS.

Interregno, primeras páginas

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I – La Liebre Cazadora
Ningún dios es más poderoso que un hombre, se decía Egidio, intentando reavivarse los ánimos. Ni los dioses de los bárbaros ni las deidades de Roma ni el dios de los cristianos tienen más fuerza que cualquier mortal, menos aún si ese hombre es un guerrero, quien toma la espada, decide entre la vida y la muerte y se proclama dueño de su eternidad. Tiritando de frío y abrumado por la noche, lamentaba Egidio no ser un guerrero. Ni siquiera un hombre valeroso.
Durante tres jornadas estuvo ocultándose por el día y caminando como espectro nocturno, hasta encontrar aquel refugio al que llamaban Liebre Cazadora, un barracón de paredes de piedra y techo enramado con tallos de centeno donde solían pernoctar viajeros, mercaderes y, en ocasiones, soldados de la prefectura de Gargalus que perseguían a ladrones de ganado o huían de los vándalos asdingos, quienes en ese tiempo asolaban el territorio. En La Liebre Cazadoratodos buscaban guarida, quedar a salvo de bandidos y mercen…