Me llamo Suleimán

 Maravillosa tarde en Garachico, en compañía de Antonio Lozano, su nutrida familia y amigos, un peña encantadora de gente que merece la pena, todos congregados con motivo de la representación de la obra (adaptación de la novela homónima de Antonio) Me llamo Suleimán. Absortos, deslumbrados quedamos Sonia y yo con la increíble puesta en escena de este monólogo, un festín poético de imágenes, música y efectos digitales; y con el trabajo de Marta Viera, una actriz que nada más presentarse en el escenario atrapa al público con su mirada, su expresividad y una voz como hacía tiempo que no tenía el privilegio de escuchar: dice el texto con la maestría de los grandes, lo interpreta con la potencia de los muy grandes y canta como una soprano en día bendito de inspiración. Fue una tarde noche para recordar.



Esta mañana, entusiasmado y aún con la resaca del sensacional espectáculo, he escrito a Wenceslao Carlos, hermano de Antonio (unos viven en Granada y otros estamos en Canarias, es la vida); y le decía entre otras cosas: "con la cantidad de talento que hay en España... Lo descubres en cuanto se rasca un poco la superficie, y aquí la religión sigue siendo el fútbol+política de taberna+laprimitiva. Con la cantidad de talento que hay en cualquier rincón, en un pueblo chiquito de una isla perdida en el Atlántico, y los que suenan son los almodóvares de siempre con sus rollos patateros de siempre. En fin, qué pena. Qué alegría haber conocido a Antonio y su gente".


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