Indie o qué...

Por recomendación de mi amigo Francisco Portela, estoy leyendo una novela meritoria, Ojo por ojo, publicada en Amazon con el seudónimo de Peter Joseph. El argumento es sólido, la trama está muy bien organizada, los personajes quedan trazados con precisión y se desenvuelven con soltura, la época en que se desarrolla la acción resulta sugerente... En fin, que cuenta con todos los elementos necesarios para ser una buena novela, de las que pueden dar excelentes resultados a una editorial. Sin embargo, el autor (ya te digo, desconozco quién es el tal Peter Joseph), ha preferido publicarla por su cuenta y riesgo, por si acaso, por si suena la flauta. Digo yo que pensaría eso: casi nada que perder y mucho que ganar. Pero la flauta no sonará, temo.


Puede que el ya tres veces mentado autor anónimo se desanimase en la tarea de buscar editor, que la novela llevara dos, tres o cuatro años en espera del sí quiero editorial; no lo sé. De lo que estoy seguro es de que Peter Joseph se equivocó el día que decidió adoptar ese alter ego para colgar su obra en Amazon. Porque justo lo que le falta a Ojo por ojo es, paradoja sobre paradoja, un editor. Mejor expresado, o con claridad para que todos nos enteremos: la novela adolece de algo tan básico como es el trabajo editorial previo a la publicación. Hay párrafos mal construidos, escenas que quedan a medias, algunas digresiones innecesarias, lugares comunes y frases hechas en exceso, situaciones forzadas, elipsis demasiado artificiosas, erratas soslayables siempre y cuando las vean otros ojos, nunca los mismos que estaban fijos en la pantalla cuando se escribía la historia. Todo eso tiene y todo eso le sobra a esta novela. Por no hablar de un problema técnico que, también, habría resuelto cualquier editor avezado en su oficio: algunas "fuentes", motivos de estímulo, referentes literarios, están demasiado a la vista: Malditos bastardos, de Tarantino; La decisión de Sophie, de Styron; Hannibal, el origen del mal, de Webber...

La autoedición es una salida que siempre está ahí. Una mala salida muy concurrida. No tiene mayor importancia que cientos, miles de novelas escritas en ratos libres por aficionados a la escritura acaben en esas plataformas cajón de sastre; incluso es una buena cosa, porque se fomenta la afición literaria y se ofrece el incentivo al autor principiante (muy, muy principiante), de "publicar" su obra en caso, ya desesperado, de que ningún editor la quiera en su catálogo. Pero una cosa deberían tener presente los autores independes: si no se ha pasado el filtro selector de las editoriales, si la obra no ha merecido el esfuerzo de una lectura y edición profesional, así como la inversión ajena de quien confía en sus posibilidades comerciales (sin que ahora importe a qué público vaya dirigida la obra, consumista, zascandil o exigente,); si ninguno de esos niveles se ha superado... difícil será que el resultado pase de meritorio a sobresaliente.

Yo deseo toda la suerte del mundo a Ojo por ojo, porque la merece. Pero también digo a su autor (a lo mejor hasta lee estas líneas): es una pena, un gran dispendio, que esa novela esté en Amazón y no en una editorial que lo valga y donde, en verdad, se haga valer y demuestre lo que ciertamente vale.

Vale.



Entradas populares de este blog

Una hamburguesa en un McDonald's

La hora de Bizancio

Godos, de Pedro Santamaría