El blocao

-¡Compañía! ¡El coronel!

El coronel era un anciano corpulento y malhumorado. Empezó por arrestar al segundo de la fila.

-Éste no tiene bigote -dijo, señalando a Pérez, un muchacho lampiño que estudiaba matemáticas..

-Es que... verá usía, mi coronel... -respondió el capitán.

-Nada, nada. He dicho que todos vayan pelados al rape y con bigote. No quiero señoras en mi regimiento. ¡Bigote! ¡Bigote!

Aquella desaforada invocación al vello producía en los restantes jefes una visible desazón. Todos miraban al pobre Pérez como a un relapso, un proscrito, un mal soldado de España. Pérez temblaba.

-Es que -se atrevió a decir el capitán - a este soldado no le sale bigote.

-Pues al calabozo. Hasta que le salga.


.....


Estábamos en el Zoco-el Arbaá de Beni Hassam y nos disponíamos a batir al Raisuni en Tazarut. Más de un año llevábamos en África. Por aquellos días empezó a decirse por la compañía que Villabona había tenido un hijo.

-¿Es verdad eso, Villabona?

-Así dice la carta de mi padre.

-¿Pero no hace un año que no ves a tu mujer?

-Sí...

-¿Y entonces...?

Villabona se encogía de hombros.

-Cuando vuelvas a casa vas a tener dos o tres hijos más.

-Bueno...

Y hasta sonreía, como si le halagase aquella prole inesperada. Como si aquella feraz cosecha de hijos fuese dispuesta por el santo patrón de su parroquia.





El blocao
Novela de guerra marroquí

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