Voluntad

Hay caminos en la estética que se apartan de lo racional; lo irracional es también inmensa fuente de belleza. La estética, el modo en que una persona siente el mundo, es más amplia que la razón”.

He aquí una declaración de principios, también de intenciones, que da sentido a un tratado monumental sobre el ser y su proyección en la doble vertiente (doble evidencia) psicológica y social. Voluntad es una obra sistematizadora en el sentido filosófico, en la medida en que el autor recurre a todos los veneros de conocimiento que pueden expresarse por escrito: el razonamiento científico, la reflexión psicológica, la indagación metafísica, la narrativa, la poesía… El conocimiento es UNO, y las formas de aproximarse a él muy diversas aunque, en el fondo, también son la única forma: el ser que se piensa e inmediatamente piensa el mundo. Decía Nietzsche que “cada uno es para sí mismo el más lejano”, y no andaba muy lejos de la verdad. Hablamos con una suficiencia temeraria de los “misterios” fundamentales, el origen del universo, el ser, nuestra propia proveniencia, el sentido de la vida (interrogante de una terrible puerilidad, por cierto); sin embargo, a nadie, a muy pocos se les ocurre pensar en el más insondable y en realidad único misterio: nosotros mismos. El formulado “¿Quiénes somos?” adolece de una soberbia insoportable. Humildad, amigos. Humildad para conocer, si fuera posible, algo acerca de nuestra incierta naturaleza. La pregunta es: ¿Qué somos?


Martín López Corredoira (Lugo, 1970), es doctor en filosofía y en ciencias físicas, investigador en el Instituto Astrofísico de Canarias, escritor, poeta, autor de un extensa obra científica, literaria y filosófica. Y es una persona humilde, como todos los que de verdad saben algo. Hace unos días, en el transcurso de una amable conversación, me dejó planchado con esta frase: “Yo de planetas no sé nada, sólo investigo galaxias y constelaciones”. No se puede decir más y mejor de uno mismo en menos palabras, y encima sin pretenderlo.

A partir de esa visión (nunca mejor dicho, en el Instituto Astrofísico de Canarias él ha visto cosas que nosotros no creeríamos), se puede contar con la base necesaria para atreverse a todo. Sí, cierto: el todo y la nada, el todo o nada es la apuesta de siempre, la del sabio y la del guerrero, la del buscador de la verdad y la belleza, quien sospecha la ventura de que todo pertenece a una misma esencia y una misma expresión, el núcleo indestructible, impenetrable del misterio, donde laten en el mismo pulso y el mismo sentido el conocimiento y la lucha, el drama y la grandeza del ser, lo bello y lo cierto como ideales irrenunciables para quien (tal como defiende el autor de Voluntad) ha elegido del camino del “bello deber ser”.

Martín López Corredoira divide su monumental obra en tres partes fundamentales (Voluntad de uno mismo,Voluntad más allá de un mismo, Voluntad y la vida idealizada), las cuales desarrolla en treinta capítulos, con sus respectivas subdivisiones, a través de las que ofrece una visión prácticamente exhaustiva de todos y cada uno de los elementos que integran nuestro devenir como seres humanos pensantes, peregrinantes en la convención temporal y la facticidad espacial. Todo cabe en este enorme esfuerzo de reflexión sistematizado. Lógicamente, hay que partir de un punto de convicción, una certeza, un asidero indubitado que nos permita ir construyendo el discurso subsiguiente con lógica y coherencia. El autor, por tanto, parte de una certeza: no hay certeza. “El ego y el yo no es nada, ontológicamente hablando. No existen individuos con entidad propia y separada del resto del Universo. Existe la materia del Universo, existen los átomos, las moléculas, las partículas y sus interacciones. Existen las células de los seres vivos , existen las neuronas y sus conexiones y sus sinapsis, existen las corrientes eléctricas del sistema nervioso, existen los cerebros. Y no hay nada más, no hay mentes en el sentido dualista, no hay ego, ni el nuestro ni el de los demás seres vivos. Existe el Universo, la Naturaleza gobernada por una leyes físicas, y nada más”.



Bien, seamos sinceros y honestos con nosotros mismos: como principio, el enunciado no puede ser más desolador. Si “no hay nada más”, no sé qué demonios hago yo escribiendo ahora mismo sobre un libro que afirma que no hay nada más. El autor (el autor de Voluntad, no el autor de este artículo), sólo puede responderse a sí mismo partiendo, de nuevo, de una arriesgada proposición a la aventura: la voluntad de ser es la fuerza que nos convierte en individuos dotados de un sentido relativo en el magma universal. Relativo por cuanto esa voluntad de ser nos afecta a nosotros mismos y a nadie más. A lo largo de este impresionante libro (en cierta manera, devastador tratado), subyace la omnipresente sensación de que Martín López Corredoira se encuentra perfecta y cómodamente instalado en una especie de bucle cartesiano, sin salida ni necesidad de solución. El sofisma de “cogito ergo sum” (lo de sofisma es cosecha propia), ha desarbolado la capacidad verdaderamente racional de asumir nuestra pequeñez e inanidad en universo de los fenómenos. Para romper con aquella maldición y tomar una determinación “heroica” sobre nuestro destino, precisamos una actitud que sólo puede partir de la voluntad, y más eficientemente de la “voluntad hacia el bello deber ser”. Entendámonos: la deducción del ser a partir del sorites cartesiano nos describe individuos, pero nos arrebata la cualidad esencial de individuos libres y capaces de forjar nuestra propia odisea. Por supuesto, a la supuesta certeza del “ergo sum” va a seguirle un desarrollo moral inevitable, y en el mismo se nos asegurará que “todos los hombres nacen libres e iguales, etc”. López Corredoira huye de semejante pastelosidad como de un vendedor de enciclopedias. Lo importante no es determinar si pensamos o somos (la probidad del esclavo), sino reconocer nuestra voluntad de ser como queremos ser y consagrar la vida en pos de un superior ideal de belleza. Si pensásemos con música en vez de con palabras o conceptos lingüístico, por aprehensión psicológica de los objetos y los fenómenos tanto materiales como inmateriales, todo quedaría más claro. El ideal de López Corredoira transciende nuestra naturaleza de entes vivos para fusionar los elementos superiores, y por ello irrebatibles, de nuestra condición: el anhelo de libertad y la voluntad de ser en lo bello.



A partir de estos enunciados, Voluntad se desborda hacia todos los aspectos de la existencia que un día u otro nos preocuparon: el ser y la psicología del ser, la vida y la muerte, la argumentación y refutación del suicidio, el arte y la industria cultural, la estética, la ética y la racionalidad, el amor, el erotismo y el sexo, la política, la vulgocracia, los “derechos humanos” y la inhumana pretensión de ser como fardos repletos de derechos que nunca pueden ejercerse… El colofón del libro deriva hacia unas proposiciones literarias, poéticas, que quedan de momento al margen de este comentario; por la sencilla razón de que, desde mi punto de vista, son “otra cosa” y hay que leer esas páginas de otra manera. Seguramente esto es debido a mi deformación profesional, pero no puedo leer en el mismo contexto filosofía y literatura. Es decir, aclaro: puedo hacerlo, pero no comentarlo en la misma recepción. Lo cual no entraña mayor problema porque Martín López Corredoira ha tenido la perspicacia y el acierto de presentar su libro dividido en capítulos escritos con una prosa ágil, amena y muy asequible (como él dice: que pueda traducirse a otro idioma son ningún problema de terminología); a su vez, estos capítulos y apartados son breves, redactados con esmerada claridad y con una magnífica pretensión de tener consistencia por sí mismos, como artículos que podían haberse editado por separado en cualquier revista. Ello confiere a Voluntad el valor añadido de presentarse al mismo tiempo como tratado y como libro de consulta; puede leerse en cualquier orden, avanzar, retroceder, y nuestra lectura siempre tendrá perfecto sentido. Y desde luego, nos cautivará y sacará de más de un apuro existencial, de esos que nos acuden al espíritu los días grises en que nos preguntamos con inquietud: ¿Qué hago yo en este mundo?

Lea usted Voluntad. Martín López Corredoira no responderá a martillazos de certeza esas incógnitas que tanto le atosigan, pero le hará plantearse muchas nuevas preguntas. Y eso es sanísimo.

Presentación de Voluntad en la librería Antes de Madrid.

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