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Mostrando entradas de 2017

De cosecha ajena - Arenga a los últimos hombres libres

“Cuantas veces reflexiono sobre las causas de esta guerra y sobre cuál será la actitud de los dioses para con nosotros, me siento bien seguro de que vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud; y no os queda ya tierra a vuestra espalda para retroceder y ni siquiera el mar, con el acecho de la flota romana, ofrece seguridad. Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes".
Seguir leyendo en La forja y la espada.

Jünger, tras la guerra y la paz

En la presentación de esta colección de artículos sobre la obra y, digamos, "cosmovisión" de Jünger, Alexader Duguin propone:

"Ernst Jünger es un destacado escritor alemán, cuyo destino literario y político es un símbolo clásico de lo vanguardista, animado e inconformista en la cultura europea del siglo XX.

Testigo de dos guerras mundiales, uno de los teóricos principales de la Konservative Revolution alemana de la época de entreguerras, inspirador del nacionalsocialismo, que pronto llegaría a convertirse en un “disidente de la derecha” tras la llegada de Hitler al poder, sobreviviente a la desaprobación oficial durante el III Reich y posteriormente condenado al ostracismo por los vencedores durante el proceso de “desnazificación”.

Hoy en día Jünger es considerado por derecho como un emblema del siglo XX, un portavoz no sólo de la “generación perdida” sino del “siglo perdido”, alegoría de la lucha apasionada y dramática de los últimos impulsos sagrados de la vida naciona…

Del azul nacen los caballos

Lo sencillo tiene la virtud de convertirse en novedad cada vez que se repite, como una especie de revelación intuida desde siempre, expresada en muchas ocasiones, descubierta en cada una de ellas como certeza sin la cual sería imposible vivir; y por eso la sencillez de algunos versos de Pedro López Ávila en Del azul nacen los caballos es abrumadora, precisa e implacable, bella por cierta, verdadera porque la belleza desnuda es siempre una verdad desnuda.

“Los Jardines estatuarios”, “Los Bárbaros” de Jacques Abeille

Escribir sobre una novela (dos en este caso), siempre impone una cierta obligación hermenéutica. De la simple glosa a la reseña, hasta las palabras mayores de la crítica, la tarea de quien escribe sobre lo escrito requiere entre otros cuidados una interpretación sobre las pretensiones y alcance de la obra y una evaluación de lo conseguido, aquello que definiríamos como “mérito” del autor. En lo que concierne a “Los jardines estatuarios” y su continuación en el “Cycle des contrées”, “Los bárbaros”, parece que una tarea tan obvia se convierte en algo extremadamente difícil. Reconozco que antes de escribir esta noticia he leído unas cuántas reseñas sobre “Los jardines estatuarios”; y de todas (que no son muchas), he sacado la misma conclusión: nadie tiene ni idea de qué demonios ha querido contar Jacques Abeille con estas dos entregas novelísticas que se están convirtiendo en obras de culto, por lógica y justicia; de culto porque, precisamente, los lectores reciben la soberana impresión…

El príncipe del día y de la noche

“Sólo tú has sabido verme”, dice Vera, protagonista del film La puta y la ballena (Luis Puenzo, 2004), al ciego Solá. A Boabdil le pasa algo parecido: muchos novelistas han recorrido la figura histórica —mitificada hasta el exceso, con frecuencia—, del último sultán de Granada, pero muy pocos han sabido encontrarlo en esa maraña de estereotipos que convirtieron al Zogoibi (El Desventurado) en un personaje mestizo entre historia y leyenda. No diré que Antonio Enrique (Granada, 1953) sea el único, pero sí uno de los pocos autores de los que cabía esperar una visión inexorable en lo que concierne a la recreación histórica y una poderosa voz literaria, conductora de esta narración sobre los últimos tiempos y aflicciones del rey nazarí.

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Élites y minorías

Las élites viven encantadas en su puridad, acorazan núcleos excluyentes y se comportan con ágil instinto gremial en lo que concierne a defender su enorme privilegio de ser pocos y bien apalancados. Las minorías, por el contrario, no están nada satisfechas de su condición, tienen vocación de alcanzar mayores audiencias y trabajan constantemente en favor de este propósito. Por lo general —inexorablemente, si hablamos de la cultura y sus entornos —, las élites aborrecen a las minorías, procuran cercenar sus pretensiones de influir en el ideario común y, si pueden, “cortan las alas” a todo el que presientan como amenaza a su posición en la torre vigía.

Boabdil, el príncipe del día y de la noche

Acabada la lectura del año (2016), que se ha hecho esperar casi tanto como las campanadas en la basílica de Candelaria. Última novela publicada (seguro que hay otra en marcha, y otras en proyecto), de Antonio Enrique. De momento, dejo constancia de mi renovado estupor por la capacidad creadora de Antonio. Digo estupor y creo decir bien: me asombra de nuevo, es capaz de sorprenderme otra vez con una novela que asciende hasta más allá de lo que consideraba su pináculo de excelencia. Hacerse más pulcro y preciso, ameno y caudaloso, poderoso en una narrativa como lluvia que no cesa y empapa el alma del lector, después deLa espada de Miramamolín, parecía en verdad imposible. Lo parecía, solamente...

Bobadil, el príncipe del día y de la noche no es otro nivel en la producción de Antonio Enrique, pero sí representa un peldaño más. Insisto: de momento, señalar el hallazgo de un personaje espectacular como discreto, ambiguo como certero, amable como implacable en su voz perfecta de narrador: e…