¿Puedo hacer algo por usted?

Quienes me conocen y han seguido más o menos mi (atención, lo digo) "trayectoria literaria", saben que me gustan las historias de náufragos y que en más de una novela he argumentado al respecto. O sea, que mi mujer, mi suegra y el cabo saben que los náufragos son mi debilidad. Será por lo cautivadoras que me resultaban, en la infancia y primera juventud, los relatos de Moisés rescatado en su canastilla de las aguas del Nilo, la historia de Jonás, el naufragio de Mordred salvado por un hombre de la costa que lo entibió en una manta y lo llevó a su casa para que la esposa cuidara de él, las aventuras de Robinson Crusoe, de Gulliver, de Pelagio ("El llegado del mar"), dispuesto a convertirse en Pelayo y cierra España, las Soledades de Góngora... Qué sé yo... Me gustan las historias de náufragos y a veces fantaseo con el accidente de la desmemoria. Los versos de Gimferrer me gustan menos que las historias de náufragos, pero aquel de "si pierdo la memoria, qué pureza", siempre me ha emocionado.

Con estos antecedentes, natural: Jesús Taboada y su novela ¿Puedo hacer algo por usted? me tenían casi ganado de antemano. Es la historia de un náufrago citadino, sin memoria así de repente. En lo que tarda un semáforo en cambiar de color, un García queda solo ante sí mismo y ante una ciudad extraña, un mundo incierto por transitar, un pasado incógnito que bien pudiera ser terrible, también inane; y un futuro por arrebatar a la incertidumbre.

Cualquiera diría: eso es la infancia. Puede ser. La pureza. Esta novela trata sobre la pureza, no sobre la inocencia.

Merecedora del Premio Oscar Wilde de Novela Breve, 2017, ¿Puedo hacer algo por usted? acaba tan bien como termina. Es el gran reto del narrador, el trasfondo del pacto lector/autor que emociona a quienes somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos durante unas horas para convertirnos en el otro (García) que navega entre horizontes inexplorados. Sencilla la propuesta con que termina y empieza la novela: ¿Puedo hacer algo por usted? Complicadísimo aceptar el reto.

No te la pierdas.

(Es el relato de un náufrago, claro).

No te la pierdas.