Aquí venía una entrada...

... que hablaba de la muerte del libro, la agonía de las librerías y el sinvivir de los libreros, de cómo la industria editorial que lidera el mercado, también las instituciones del ramo y la cosa cultural, llevan décadas corriendo alocadas tras lectores inexistente, fugaces como caprichosas son las modas; potenciando un público zascandil, consumidor de estímulos inmediatos y adepto a las listas de "más vendidos" y los likes de las redes sociales, sin preocuparse ni por lo remoto en "ir haciendo nicho de mercado" más allá de esa urgencia hortera, inconsistente y sin ningún futuro. Porque debemos empezar a asumirlo: el libro se muere, y si había alguna ilusión de futuro, la están desmontando concienzudamente.

De eso iba a escribir en esta entrada de Lejos de Itaca, con motivo de la salvaje concesión del otrora prestigioso premio Biblioteca Breve de novela a la youtuber/influencer Elvira no sé qué, en méritos de una novela titulada no me acuerdo, de cuya primera página reproduzco testimonio fotográfico por cortesía de Miguel Ángel Zapata.

Y lo dicho: iba a escribir sobre eso mismo. Pero ya no me apetece. Remitió pronto la pulsión reivindicativa de una literatura que no sea basura en descomposición. Estoy como cansado de tirar piedras al agua. Total, ¿para qué? Cuando el último editor se suicide colgándose del cargador de batería de un influencer de 16 años, que no se queje y ni se le ocurra pensar y mucho menos decir "Hicimos todo lo que pudimos". No son los únicos responsables de la muerte del libro, claro está. Pero en la medida de sus posibilidades han hecho todo lo que han podido por cargárselo.

Que Dios perdone al jurado del Biblioteca Breve

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