Concierto triste para trío y coro

El trío es el de Óscar, Rafael y Cata; primos hermanos estos dos últimos, y sin embargo casados;  y sin embargo divorciados. Óscar es una ruina digna, lo que queda de una juventud pasada por las drogas y el delito, antiguo amante de Cata en tiempos en los que bajo los adoquines de la calle estaba el mar, sobre todo si las calles eran las de París y los adoquines servían para levantar barricadas. Ya lo dije: otros tiempos. Rafael es un hombre práctico ante todo, un poco mezquino, un poco avariento de emociones y no digamos de ilusiones. Cata es como todos los soñadores, no digamos las soñadoras: entre Virgina Woolf y Enma Bovary siempre hubo una chica encantadora de la pequeña burguesía catalana dispuesta a vivir grandes pasiones que, a menudo, quedan un poco lejos de su alcance aunque no de su imaginación.

El coro son los demás. Los que intervienen como paisaje en el inicio de los tiempos, cuando Óscar, Rafael y Cata son jóvenes, y los que conforman el escenario un poco atiborrado de su actualidad, cuando Óscar, Rafael y Cata ya no son jóvenes y están a punto de ser viejos con todas las letras y todas las cifras del calendario confirmando la senectud. Esta novela de Miguel Arnas va de eso: de las decisiones que que se toman en los años jóvenes (a veces nosotros mismos las concebimos y ejecutamos, a veces otros disponen en nuestro lugar, suplantándonos, planificando nuestra vida como si el destino de cada cual fuese asunto de terceros, ajenos a cada uno y a cada cual), y de cómo empleamos el resto de la vida en intentar corregir aquellos errores (nuestros o del que se tomó la libertad o cometió el desmán de elegir por nosotros). Enmendar la vida. Enderezarla. Atajar los inconvenientes que surgen en torno a la rama principal, viciada, como brotes indeseados de una epidemia... Ese es el trabajo principal, obligatorio, de mucha gente en el transcurso de su existir. Es la tarea del trío, desde luego (Óscar, Rafael, Cata), y es el rumor como música de fondo en la vida de los demás que giran en torno a ellos: el coro.

 Concierto triste para trío y coro, al final, es una de esas obras literarias cargadas de voluntad de decir, de estilo y experiencia. Una reflexión sobre el ser y el estar, pero no una reflexión cualquiera: es la palabra de alguien que sabe de este asunto y, sobre todo, sabe cómo escribirlo. Miguel Arnas se crece y yo, agradecido lector, se lo agradezco mucho.


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