Gonzalo Guerrero en Terra incógnita

Los mitos fundacionales son cerrados, en tanto que los relacionales son abiertos, pues mantienen tensión en el debate sobre los orígenes de las civilizaciones, su legitimidad y sentido. De tal forma, el mito (leyenda) de Gonzalo Guerrero, es una historia abierta a múltiples interpretaciones y diversos tratamientos (puntos de vista) enmarcados en variados géneros sustentadores de lo narrativo, desde el cine al poema épico, el ensayo y la novela. Mauro Barea (Cancún, 1981, actualmente afincado en Huelva), llevaba años trabajando sobre su visión de este singular personaje hasta ver finalmente publicada su novela en la compostelana editorial Tandaia. En buena hora y vamos por partes.

Antes hablaba de mitos abiertos y mitos cerrados. Si hay un escenario mitológico por antonomasia en la literatura universal, es el naufragio. El retornado de las aguas marca los perfiles de individuos singulares predestinados a grandes hazañas: desde Moisés hallado en su canastilla, en deriva por el Nilo, al relato de Jonás y la ballena; de Robinson Crusoe a Gulliver, de Mordred a Santiago Apóstol, de Las Soledades de Góngora al Relato de un náufrago de García Márquez pasando por el periplo de Odiseo, siempre lejos de Itaca. Con Gonzalo Guerrero se da la circunstancia, extraordinaria sobre lo extraordinario, de que un personaje rigurosamente histórico edifica su inmensa leyenda sobre, justamente, un naufragio. Sin duda: esto es un buen inicio (el mejor de todos) para una buena historia.

Superviviente junto con otros compañeros de expedición a un terrible naufragio en las costas de Yucatán, Guerrero será capturado por los mayas, esclavizado y sometido a unas condiciones de vida durísimas. Conseguirá superar tantas adversidades, ir ganando poco a poco la confianza de sus captores, convertirse en personaje respetado en su nuevo entorno social (la complicada, inquieta, belicosa sociedad maya), ascender hasta convertirse en caudillo local... Tomará esposa y engendrará hijos, los primeros mestizos (al menos así constan en el ideario épico de la región); finalmente, se enfrentará a los españoles de Cortés, quien lo había requerido junto al otro superviviente de aquella expedición acabada en desastre, Gerónimo de Aguilar, para servirles de informadores e intérpretes en su camino hacia Tenochtitlán. De nuevo la realidad de los hechos históricos coincide con las posibilidades dramáticas de lo ficcionario: Guerrero y Aguilar encarnan las dos posturas opuestas ante el avance conquistador. El primero se niega a servir a Cortés y se convierte en apátrida, convencido, digamos, por la sugestión de lo que un siglo y medio después llamarían los russonianos "el buen salvaje", quedando marcado por tanto como renegado para los españoles; el segundo, Aguilar, responde como un "buen Robinson", el hombre civilizado que no ha perdido su vínculo de devoción y acatamiento a los poderes establecidos en su entorno de origen. Son dos personajes antagónicos en el mismo escenario dramático, el paisaje de contienda que la humanidad siempre ha trazado con perfiles inclementes en la lucha por la hegemonía. ¿Quién obró bien y quién mal? ¿Es preferible defender una causa perdida, dejando a salvo los imperativos de la conciencia y los sentimientos, o volver a los orígenes de "lo establecido" y ceder ante la marcha irresistible de la historia, poniéndose del bando de los ganadores? Los que humillen ante esta segunda seducción (legítima opción), no serán recordados por casi nadie; los que alcen su razón en defensa de lo propio, a sabiendas de que el fracaso será su recompensa, tendrán para siempre un hueco en las crónicas de la historia, aquella que se dice siempre escrita por los vencedores pero llena de maravillosos personajes que supieron luchar y supieron hablar con su gesto de lo sublime humano ante la certeza de que a todos, ganen o pierdan, siempre nos aguarda la derrota: la dignidad.

Hablarles de la habilidad, agilidad, frondosa arquitectura prosística con que Mauro Barea relata esta historia de grandeza y miseria, de conquista y renuncia, sería un tanto ocioso. El mejor elogio que puedo hacer a Terra Incógnita es recomendarles su lectura y asegurarles que, a poco que indaguen en los trazos más someros de la leyenda de Gonzalo Guerrero, tendrán la segura impresión de estar ante una historia grande y un autor sobresaliente que sabe contarla porque ha sabido entender al personaje y sus circunstancias desde hace mucho tiempo. Y, por supuesto, agradecer al autor las horas de lectura que su novela me ha deparado. Sigan la trayectoria a Mauro Barea... Es un autor de mañana.

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